Periódico Sierra Maestra

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La verdad del barrio: deporte para crecer

deportebarrioUn obrero ferroviario, dos profesores de Educación Física, una jubilada y una delegada de circunscripción del barrio santiaguero de Caballo Blanco (Altos de Chicharrones) organizan desde hace dos años una copa nacional de lucha para niños y adolescentes con recursos que ellos mismos gestionan. En ese empeño afrontan muchísimas dificultades, principalmente económicas; pero lo hacen porque están convencidos de que la práctica de deportes además de desarrollar músculos y destrezas físicas, también puede ser un ejercicio para el carácter.

El certamen que han denominado “La Sierra Chiquita”, tuvo lugar en enero de este año, con la participación de atletas y entrenadores de siete provincias; sin embargo, a pesar de ser el evento más importante que organizan, estos santiagueros dirigen el proyecto comunitario “La verdad del barrio”, una iniciativa que promueve actividades deportivas para formar valores como la tenacidad, el compañerismo, el respeto y la disciplina.

“Como su nombre lo indica el proyecto intenta mostrar nuestra realidad. Este es un barrio que históricamente ha tenido “fama” de  marginal y eso ha provocado que muchas personas se formen un criterio errado sobre la comunidad.

“Nuestra labor se encamina a potenciar las cualidades de los niños y jóvenes mediante la práctica de la lucha en todos sus estilos y de juegos tradicionales”, dijo Leandro Heredia, presidente del proyecto.

Los creadores de “La verdad…” aprovecharon la existencia en la comunidad del combinado deportivo Fermín Laffita, que acondicionaron para las acciones del proyecto.

“Lo mejor del proyecto es que toda la comunidad colabora. Con la ayuda de los vecinos logramos transformar la imagen del gimnasio: lo pintamos, construimos gradas y mejoramos la seguridad del local; además dos personas de la comunidad custodian la instalación”, señaló el entrenador Miguel Ángel Odelín Fabars, jefe de cátedra  del combinado, quien tiene a su cargo la dirección deportiva de “La verdad…”.

“Durante la última semana de cada mes -añadió-, hacemos encuentros deportivos, recreativos y culturales. Todo esto se organiza con esfuerzos propios de los miembros del proyecto y estimulamos moral y materialmente a los participantes.

Una de las características del proyecto que más atrae a la población es que no hay requisitos para integrarse a sus actividades.

“Es altamente inclusivo: no nos interesa el credo religioso, la raza, la edad, el sexo, las preferencias sexuales… aquí todos tienen espacio porque lo importante es que los vecinos utilicen su tiempo libre de forma provechosa, y lo estamos logrando. Hemos ganado mucho en unidad, en patriotismo y sobre todo en sentido de pertenencia por la práctica de deportes aquí en la comunidad”, enfatizó Odelín.

Un espacio aparte merece la Copa. Esta reportera tuvo la oportunidad de asistir a una de las jornadas de la segunda edición, realizada a principios de este año. Y una de las cosas más impresionantes de este certamen fue la hospitalidad, la solidaridad y el entusiasmo que suscitó entre los moradores de Chicharrones.

El rumor de que una competencia de lucha tenía lugar en “la loma”  -como llaman a Caballo Blanco los chicharroneros- se esparció rápidamente. De todos los barrios de este consejo popular acudían personas.

Los atletas, entrenadores y algunos familiares que los acompañaban, así como los niños del proyecto comunitario holguinero “Casa taller reparadora de sueños” sumaban unas 200 personas que se hospedaron en casas de vecinos durante una semana. De esa experiencia surgió la gratitud y el hermanamiento entre los forasteros y sus anfitriones.

“Los santiagueros tienen fama de hospitalarios, pero hay que venir a Santiago para saber en realidad con qué cariño y con qué dedicación se trata aquí a los que venimos de otros lugares del país. A esta provincia le llaman la tierra caliente por el clima que tiene, pero el calor de Santiago está en la hospitalidad de su gente”, aseguró Bernabé Ramírez Pupo, coordinador del proyecto comunitario “Casa taller…”.

En aquellos días, Milagros Mervillé Mericié, jubilada y secretaria del núcleo de zona del Partido, se dedicaba a cocinar y a organizar todo lo referente a la alimentación de los participantes en la Copa. Su prestigio en el barrio y las buenas relaciones que mantiene con los vecinos, la convierten en miembro indispensable de “La verdad…”.

“Durante la competencia logramos sacar de la esquina a los jóvenes desvinculados del estudio y el trabajo. Se mantenían atentos al deporte, a qué equipo le tocaba competir, debatían cuáles atletas tenían mejor desempeño, qué provincia estaba mejor y eso les hacía olvidar sus problemas y dedicar el pensamiento a algo útil”, comentó.

“La Sierra Chiquita” es una experiencia única en Cuba, que va ganando adeptos dentro y fuera de esta provincia. En la segunda edición se logró el apoyo del INDER, de varias glorias del deporte cubano y de entidades organismos como Comercio y Ferrocarriles. Apoyo institucional que debería consolidarse con el concurso de otros actores sociales, pues “La verdad…” ayuda a la juventud a desarrollar lo mejor de sí. No se trata solo de lucha, es deporte para crecer.

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