
Los recorridos por el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia de Santiago de Cuba permiten apreciar más de nueve hectáreas llenas de historias, muchas aún por contar. (Vídeo)
Epitafios, recordatorios de familiares a sus difuntos, flores y el exquisito arte funeral en aproximadamente 10 000 tumbas, de estas, 7 000 privadas, se equilibran con el ambiente logrado por los que allí laboran.
El colectivo formado por 115 trabajadores, divididos en diferentes grupos de trabajo, prácticamente no descansan; sin embargo, cuentan con orgullo las experiencias vividas en este lugar.
Mirtha Miranda Silega, hace 11 años transita por los patios del camposanto y afirma que ahí se siente como en casa.
“La experiencia en este sitio ha sido muy buena, las relaciones entre compañeros son magníficas. Antes de trabajar aquí, pertenecía a la floristería La Rosa Blanca”, comenta coloquialmente Mirtha.
Se desempeña como moza de limpieza y a diario atraviesa la ciudad para llegar a su puesto de trabajo.
“Vivo en Vista Alegre y me despierto a las 3:30 a.m todos los días para llegar a las 5:00 a.m y aunque trabajo cantidad, me gusta lo que hago y sé la importancia que tiene. Vienen muchas personas a diario y siempre nos elogian por la limpieza que mantenemos”, argumentó.
El carisma que desborda esta mujer la hace muy cercana; es la primera vez que converso con ella y me impresiona su humildad; es tan sencilla que ni siquiera es capaz de admirar su responsabilidad dentro de la necrópolis.
¿Qué haces cuando llegas al cementerio? -le pregunto- y entre sonrisas me cuenta: “Limpio de flores viejas las tumbas de Martí y Fidel”.
Hace un año esta genuina mujer tiene la responsabilidad de ofrecer flores en nombre de todo el pueblo de Cuba ante las tumbas de José Martí y Fidel Castro, dos de los hombres más insignes que ha parido esta tierra.
“Cuando llego, en las mañanas, les pongo rosas blancas a los dos y en el caso de Fidel, las cambio cuando el sol y el calor las ponen feas”, cuenta llena de orgullo.
Mirtha Miranda Silega agradece a la vida su trabajo en este lugar y lo que más la congratula es la reacción de los miles de visitantes que llegan a diario a “Santa Ifigenia” y elogian la belleza del lugar.
Definitivamente, la historia de Mirtha se suma a muchas otras que permanecen entre los muros de este lugar y que también esperan para ser contadas.