El primer fin de semana sin la impronta de Santiago Portuondo Zúñiga

Categoría: Titulares
Escrito por M.Sc. Miguel A. Gaínza Chacón
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SANTIAGO PORTUONDO EN LA BOLA DE LUZ

Santiago de Cuba, octubre 30.- Este fin de semana ha sido el primero en que los escenarios de esta ciudad sur oriental de Cuba no cuentan con la presencia de Santiago Portuondo Zúñiga, destacado actor, director, dramaturgo, y teórico-docente del teatro.
Las más de cuatro décadas y media que eslabonó Santiago en las artes escénicas terminaron abruptamente el pasado lunes, a las 07:30 horas, por complicaciones respiratorias que dieron al traste con la existencia del artista nacido aquí en 1950.


En 1970, Santiago Portuondo nació como actor en la planta Tele Rebelde santiaguera, donde se consolidó --y para siempre--, como un auténtico hombre de teatro, que al final de sus días constituía un puntal en el arte dramático.
Desde 1977, se incorpora al Cabildo Teatral Santiago, y con el paso del tiempo, suma a las de la TV y del Cabildo otras actuaciones inolvidables en Gestus, A dos manos....
“Peliculera”, con texto de Santiago, fue premio José Jacinto Milanés, que otorga la UNEAC de la provincia de Matanzas. Hizo decenas de personajes pero el más popular, al decir de Pascual Díaz, especialista de las artes escénicas, fue el Guajiro en “La bola de luz”.
El propio Pascual, a modo de resumen del quehacer creativo de Portuondo, señalaba que “... interpretó esclavos y mayorales, curas y poetas, comerciantes y funcionarios. Vale destacar sus actuaciones en obras emblemáticas como De cómo Santiago Apóstol puso los pies en la tierra, donde hizo, entre otros, al obispo Sarmiento; Cefi y la Muerte, el poeta en La Paciencia del Espejo, y uno de los protagónicos en La primera vez, entre otras.
“Son suyas las puestas en escena de El Cantar de los Cantares, La Pluma de Ángel y una versión de Escorial. En saludable vaivén de lo trágico a lo cómico también le pertenecen montajes de Los habladores, Maese Paletín y Las Aventureras.
“Pero su trabajo más exitoso como actor, director, escritor, y hasta puede decirse que como diseñador de vestuario, ha sido La bola de luz. Ese guajiro que aparecía de repente en cualquier lugar en busca de un poco de ron, contando que había tenido un encuentro con alienígenas...”.
Santiago Portuondo Zúñiga no pudo esquivar la muerte. Quizás se fue de paseo con los extraterrestres de “La bola...” pero antes le dejó al teatro cubano una impronta, especialmente para quienes deciden transitar sobre las tablas. Ahí estará su ejemplo como exponente sólido del arte teatral posrevolucionario.

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