Inolvidable Camilo
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- Categoría: Titulares
- Escrito por Odette Elena Ramos Colás
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Camilo era de esos hombres inolvidables. De los que cuando se tiene la oportunidad de conocerlo, te marcan definitivamente por el resto de la vida. Yo, una periodista joven, de solo 26 años, no tuve el placer ni el honor de acercarme a su persona en vivo, pues cuando nací, ya hacían 32 calendarios que Camilo Cienfuegos había desaparecido físicamente.
Sin embargo, he podido disfrutar de las anécdotas que quienes tuvieron la suerte de verlo con vida, legaron a las nuevas generaciones. De ese modo, he llegado a admirar al que todos llaman “Señor de la Vanguardia”, por su arrojo, su valentía... porque como decía Fidel Castro:
“Camilo era hombre que amaba las tareas difíciles; pudiéramos decir que era un hombre que amaba las dificultades, que sabía enfrentarse a ellas y era capaz de realizar proezas en las más increíbles circunstancias”.
De igual modo, su inseparable compañero, Ernesto Che Guevara, también dijo de él: “Lo que a nosotros —los que recordamos a Camilo como una cosa, como un ser vivo— siempre nos atrajo más, fue, lo que también a todo el pueblo de Cuba atrajo, su manera de ser, su carácter, su alegría, su franqueza, su disposición de todos los momentos a ofrecer su vida, a pasar los peligros más grandes con una naturalidad total, con una sencillez completa, sin el más mínimo alarde de valor, de sabiduría, siempre siendo el compañero de todos, a pesar de que ya al terminar la guerra, era, indiscutiblemente, el más brillante de todos los guerrilleros”.
Solo un año me separa de la edad con la que dejara este mundo el Héroe de Yaguajay (27 años), el hombre leyenda, el de las mil anécdotas, el amigo, el sencillo y alegre Camilo. Y siento que como él, los jóvenes de esta época sabremos defender las causas más justas.
Por eso, no solo las flores que arrojamos al mar sirven para recordar su figura cada 28 de octubre; además, debemos ser como él o al menos intentarlo: ser jóvenes inquietos, jaraneros, honestos, humildes y agradables, pero también responsables y determinados a dar nuestra propia vida si fuera necesario por la soberanía de todo un pueblo.
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