Canciller de la dignidad

Categoría: Titulares
Escrito por INDIRA FERRER ALONSO
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raulroaRecuerdo a mi padre contar con orgullo que Raúl Roa García, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, durante una sesión de la ONU en la que un diplomático norteamericano escupía calumnias sobre la Revolución Cubana, se levantó de su asiento y vapuleó al orador.

Toda la vida he creído que aquello era la antítesis de la diplomacia, o al menos de ese oficio de “tragar sapos” y estrechar manos en que a veces se convierte lidiar con los adversarios.

Evidentemente era Raúl Roa, un hombre excepcional. Lo que rememoraba mi padre era fruto de los encarnizados debates que sostuvo la delegación cubana con la norteamericana, encabezada por Adlai Stevenson, en los difíciles días de Girón.

Es que el carácter de ese cubanísimo diplomático no contemplaba la hipocresía ni los pactos indignos ni los servilismos, mucho menos cuando su pueblo enlutado todavía sangraba por las heridas de la invasión mercenaria que a tantos cubanos les cobró el precio de atreverse a una revolución, a solo 90 millas de Estados Unidos.

Aparentemente, le importaba un comino cualquier formalidad si se contravenían frente a él principios éticos como la honestidad y el respeto a la soberanía de los estados; sin embargo me atrevería a asegurar que -por el momento en que le tocó fungir como Ministro de Relaciones Exteriores (1959-1976), en pleno auge de la guerra fría- fue el Canciller que más aportó a la diplomacia de la Revolución cubana.

Roa ayudó a configurar la proyección internacional del proyecto social de este país, e hizo cumplir una nueva política exterior basada en el derecho insoslayable de Cuba a su  autonomía, a su soberanía y libre determinación. Puede decirse que trazó un camino por el cual, con arreglo a las exigencias de cada momento histórico, ha continuado transitando la Revolución en materia de relaciones exteriores. Él le puso energía, inteligencia, pasión revolucionaria y creatividad al ejercicio de su cargo.

En agosto de 1960, en San José, Costa Rica, durante una sesión de la OEA –al convencerse de que jamás serían atendidas las denuncias de Cuba sobre una inminente agresión de Estados Unidos- retiró a la delegación cubana con una frase que le ganó el respeto de todos los pueblos del continente:

“Me voy con mi pueblo y con mi pueblo se van también los pueblos de nuestra América.”

Pero esta fue solo una de las innumerables batallas internacionales en que su voz se alzó en nombre de Cuba. Roa fustigó la guerra norteamericana contra el pueblo vietnamita, condenó la intervención de la ONU, en tanto sostenía que solo le correspondía ayudar, apoyar sin vacilaciones las demandas del país asiático y exigir la retirada del ejército yanqui.

Fue Raúl Roa impulsor de la labor de Cuba en la defensa diplomática de los pueblos de América, Asia y África que todavía sufrían el dominio neocolonial de potencias capitalistas. De ahí que presidiera la primera Conferencia Tricontinental en 1966, realizada en La Habana de la que surgiera la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL).

Asimismo, trabajó en la inserción de Cuba en el Movimiento de Países No Alineados. Sin embargo, cuando se habla de su condición de Canciller de la Dignidad, lo que más se recuerda es su brillante oratoria y su pasión en la defensa ante la ONU de su país agredido, el 17 de abril de 1961.

Ante la Comisión Política y de Seguridad de las Naciones Unidas, cuando todavía el Ejército y las Milicias Nacionales Revolucionarias combatían contra las tropas mercenarias, Roa acusó a Estados Unidos de financiar, preparar y enviar la invasión.

Todavía en quien las lea, resuenan las palabras con que concluyera su denuncia:

“Un clamor unánime estremece hoy a toda Cuba, resuena en nuestra América y repercute en Asia, África y Europa. Mi pequeña y heroica patria está reeditando la clásica pugna entre David y Goliat. Soldado de esa noble causa en el frente de batalla de las relaciones internacionales -se autoproclamaba- permitidme que yo difunda ese clamor en el severo areópago de las Naciones Unidas. ¡Patria o Muerte!, ¡Venceremos!”

A 35 años de su muerte, Raúl Roa continúa dando motivos para que se le recuerde, para que se le admire, incluso para que alguien se asombre con las historias jocosas que se cuentan sobre su especial sentido del humor.

Su desempeño como diplomático es apenas una de sus facetas, aunque de las más relevantes; pero también fue profesor, escritor, polemista. Y tuvo una trayectoria de lucha revolucionaria en la república neocolonial.

Sirvan estas líneas como homenaje de Sierra Maestra, hoy 6 de julio, en el aniversario de su deceso, a quien fue sin dudas, más que ministro, Canciller de la dignidad.

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