La provincia de Santiago de Cuba sufre severas afectaciones en el servicio de distribución de agua a la población y la economía debido a la prolongada sequía, situación que impone su uso racional de forma responsable y consciente.
En reciente reunión de análisis de las acciones para mitigar los efectos por la ausencia de lluvias en el territorio oriental, uno de los participantes aseveró: hay quien bota el agua y hay quien la llora.
Y no estuvo lejos de la realidad, ya que a pesar de la información al pueblo sobre los ciclos de entrega, por el déficit de disponibilidad de agua superficial y subterránea, hay personas que aún la derrochan.
Baste un ejemplo: el lavado de autos y ómnibus en las calles y el regado de plantaciones en patios y jardines particulares con manguera y aspersores en zonas urbanas y rurales, que incluso la toman de las conductoras que llevan el preciado líquido a la ciudad.
Son muchas las comunidades santiagueras afectadas como es el caso de Santa Bárbara Intermedia y 30 de Noviembre, donde se alargó el ciclo hasta 21 días por la disminución de los niveles del manto freático en el sistema de pozos de San Juan, encargado del abasto a esos sectores.
Sin embargo, todavía hay tanques elevados que vierten, pues el morador no ha resuelto el problema de los herrajes que ocasionan esa pérdida.
Si bien la única solución son las precipitaciones, es necesario tomar conciencia del ahorro.
Una de las medidas para contribuir al uso racional es la instalación de metros contadores por el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, programa que continúa en el sector residencial para la facturación del consumo.
En la manipulación de esos equipos persisten actitudes irresponsables que ocasionan su rotura y también salideros, constituyendo una indisciplina social.
La Ley de Aguas Terrestres, ahora en proyecto, controlará su empleo, debido a que la sequía prolongada exige ordenar la gestión integral y sostenible de este vital recurso, que es finito.