Santiago de Cuba, / ISSN 1681-9969

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Una jornada más que necesaria

educadorLa figura del maestro erige sociedades. Son los educadores los que hacen a los ingenieros, los que forman a los médicos, a los científicos, a los constructores, económicos, artistas, informáticos …, y a los ciudadanos de forma general.

Si se habla de forma incorrecta, si no se dicen los buenos días, si se grita en las calles, si no se respetan a las personas mayores, etc., para muchos es responsabilidad del profesor. Pero ¿y la familia, no es esta acaso la primera escuela?

En ocasiones pasamos por alto el sacrificio y esfuerzo que tienen que hacer estas personas para ofrecer una buena clase a sus alumnos. Y cuando digo maestros, me refiero a la “seño” del círculo y de la primaria, a los “profe” de otros niveles de enseñanza, a los metodólogos y directivos del sector y, por supuesto a los jubilados, reincorporados o no.

Tal vez porque provengo de una estirpe de educadores: padres, abuela, tíos-abuelos, y otros, conozco de cerca lo sacrificada y altruista que es esta profesión; que a veces no les deja tiempo para ellos mismos, por dedicarse por entero a su labor; y que los hacen dejar de ser de ellos para pertenecer a los demás.

Por eso su jornada, que en nuestro país comienza hoy y se extiende hasta el 22 de diciembre, día en que en 1961 culminó la Campaña de alfabetización y Cuba se declaró territorio libre de analfabetismo, es más que necesaria. Yo diría que imprescindible.

No por gusto se les llama las piezas de oro de la sociedad. Cuánto se le debe a esos seres humanos consagrados y dedicados, que con humildad y amor dejan a un lado sus problemas personales para entrar al aula y ser ejemplo para sus estudiantes.

Que luchan a diario con niños, adolescentes y jóvenes con caracteres diversos: intranquilos, habladores, los que atienden siempre y los que prestan poca atención, los que entienden con una sola explicación, y los que hace falta repetir una y otra vez el mismo contenido, los juguetones… y tienen que convertirse en magos para llevar, de manera diferenciada, los conocimientos a todos.

Dicen que en cuestiones de cultura y de saber, solo se pierde lo que se guarda y solo se gana lo que se da; y en este sentido, los educadores cubanos y santiagueros tienen mucho para dar. Y aunque un sencillo “gracias”, sería suficiente para devolverles todo eso que nos han ofrecido durante las diferentes etapas de la vida; el verdadero reconocimiento está en encontrarse por la calle a un alumno y ver que es ya un hombre o una mujer de bien, que se gana la vida de manera honesta, cualquiera sea su trabajo, y que no ha olvidado a su maestro.

De este modo, a pesar de que uno debería agradecer cada día por la labor que estas personas hacen, sirva esta jornada para enaltecerlos y reconocerlos como se merecen. Pues, parafraseando al pedagogo brasileño Paulo Freire, los educadores no cambian el mundo, pero tienen el poder de cambiar a las personas que van a transformarlo.

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