
El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos contra Cuba desde hace 55 años, es el más largo en la historia de la humanidad, es la expresión más elevada de una política cruel e inhumana, carente de legalidad y legitimidad y deliberadamente diseñada para provocar hambre, enfermedades y desesperación en la población cubana.
El gobierno de Estados Unidos, lejos de poner fin a su reaccionaria política contra Cuba, mantiene intacto el bloqueo y las disposiciones leyes que le sirven de sustento. Se ha continuado reforzando los mecanismos políticos, administrativos y represivos para su instrumentación más eficaz y deliberada.
Las medidas adoptadas por el Gobierno Revolucionario destinadas a recuperar las riquezas del país y a ponerlas al servicio del pueblo afectaron los intereses de los grandes monopolios norteamericanos que durante más de medio siglo habían saqueado los recursos de la isla e influido en su política interna.
La resuelta voluntad de producir decisivos cambios económicos y sociales a favor de las grandes mayorías, constituyó el detonante que reactivó el histórico diferendo entre los dos países. La respuesta de los Estados Unidos fue rápida y brutal desde el primer momento del triunfo de la re3volución cubana.
Con su carácter extraterritorial han fortalecido las sanciones y la persecución extraterritorial contra ciudadanos, instituciones y empresas de terceros países que establezcan o se propongan establecer relaciones económicas, comerciales, financieras o científico-técnicas con Cuba.
Asimismo impone multas multimillonarias a entidades bancarias estadounidenses y extranjeras por tener operaciones con nuestro país, en el caso particular de los bancos conlleva a la ruptura de los vínculos con Cuba y/o a que las transacciones cubanas tengan que realizarse en condiciones precarias.
Por todo esto, esta criminal política afecta rodos los sectores de la sociedad cubana, causándole pérdidas millonarias y provocando carencias de todo tipo que afectan directamente a la población.
Y aunque reconocen que esa es una política fracasada insisten en mantenerla y no se dan cuenta que ya la Revolución está a las puertas de su cumpleaños 58, y cada día está más sólida porque los cubanos desde hace mucho tiempo escogieron su destino: ser libres y dueños de su propio destino.