Cuando faltan apenas 22 días para los cuatro años de que el huracán Sandy atravesara de sur a norte a esta ciudad, sus habitantes vuelven a estar bajo la amenaza de otro potente fenómeno meteorológico.
Por lo menos en dos ocasiones muy recordadas por los orientales y los santiagueros en particular, octubre trae consigo el anatema de esos eventos naturales y la triste desolación que dejaron atrás; primero el Flora en 1963, más recientemente el Sandy en el 2012 y ahora la inminencia del Matthew.
En la primera ocasión, aunque esta ciudad no fue el vórtice de esos fuertes vientos y aguaceros, sintió su negativo impacto por ser la capital de la antigua provincia de Oriente, donde los estragos humanos y materiales trascendieron para siempre en la memoria de los cubanos.
La imagen del entonces Primer Ministro, Fidel Castro, en medio de aquellos terrenos inundados y los rostros entristecidos de sus habitantes, pasó a la historia como uno de esos instantes que sellan la empatía de un líder y su pueblo.
La presencia del presidente cubano, Raúl Castro, a escasas horas de la violenta irrupción del ciclón en la madrugada de aquel jueves 25 del 2012, insufló optimismo a los santiagueros y les acompañó en los minutos trágicos cuando su ciudad casi sucumbió ante las furiosas ráfagas de vientos.
Ante la cercanía de Matthew y la probabilidad cierta de que atraviese esta zona oriental, el mandatario está aquí de nuevo y junto a varios ministros encabeza decisiones gubernamentales enfiladas a la protección de las vidas humanas y de los recursos materiales, así como a los días de la recuperación.
Al cabo de estas más de cinco décadas, los cubanos han aprendido a lidiar de mejor manera con estas veleidades naturales, propias de la geografía tropical, y el más alentador resultado de ese aprendizaje es que cada vez son más ínfimas las muertes de personas, sobre todo cuando se comparan con otras latitudes.
En un haz apretado de autoridades y pueblo, fluye continuamente y por todas las vías la información oportuna para saber qué hacer en cada caso y adoptar la estrategia pertinente, con la certeza de que ningún ciudadano quedará desamparado, aún en medio de reconocidas estrecheces materiales.
Las lluvias ocasionales y los aires moderados que desde este sábado colorean el tiempo en la urbe operan ya como un vaticinio, al igual que lo hacen ya las penetraciones del mar y las consiguientes interrupciones viales para varias comunidades del municipio marino y serrano de Guamá.
En medio de una sequía severa que mantiene por debajo del 40 por ciento la capacidad de embalse de la provincia, la mejor y más esperada consecuencia de Matthew es que sus lluvias alivien ese panorama y, al igual que los vientos, lleguen a esta castigada tierra en sus dosis exactas.