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Estados Unidos trató de evitar que naciera nuestra Revolución

14 July 2022 Escrito por 

El imperio yanqui no solo ha  hecho todo lo posible por destruir la Revolución cubana, sino que hizo turbias maniobras para evitar que  naciera. O para que viniera al mundo mediatizada y domesticada.

Un interesante intercambio de misivas entre el héroe de la lucha  clandestina, Frank País García y el máximo jefe insurrecto, Fidel  Castro, avala esta afirmación.

En carta a Fidel, el 20 de julio de 1957, Frank le informa sobre una  conversación suya con el cónsul de Estados Unidos en Santiago de Cuba.

“Nos dijo abiertamente que el gobierno norteamericano había cambiado  su política para con Batista, que nos miraba con simpatía y que si  llegáramos al poder en cualquier forma nos apoyarían y reconocerían  inmediatamente. Sus recelos son de que no podamos controlar solo el  poder, siguió diciendo (la conversación duró dos horas y media) que el  gobierno americano no tiene inconvenientes en reconocer gobiernos  puramente nacionalistas, inclusive que no veían con malos ojos que  nacionalizaran todas las americanas y que se revisaran los tratados  comerciales pero con tal de que seamos efectiva y únicamente. Noté que  le tiene pánico a que detrás de nosotros se muevan los comunistas”.

“Ahora- continúa Frank- viene lo inaudito. Nos aconsejó que  apretáramos el  sabotaje y nos dijo que si hacíamos un sabotaje  importante, un sabotaje como el de la luz de La Habana, y una acción  como la del 30 en dos o tres ciudades, él creía que se caía el  régimen”.(…)
Es evidente que desde esa fecha, el representante yanqui tenía la  percepción de que el Ejército Rebelde triunfaría sobre la tiranía  Y  estimó conveniente prepararse para ese momento.

Al día siguiente, Fidel escribe a Frank. Y sobre una posible visita de  un funcionario norteamericano a la Sierra Maestra, deja bien clara su  posición de principios y capacidad de vislumbrar el futuro.

“No veo por qué hayamos de poner la menor objeción. Podemos recibir  aquí cualquier diplomático americano, como recibiríamos un diplomático  mexicano o de cualquier otro país democrático. Eso es un  reconocimiento de beligerancia y por lo tanto una victoria más contra 
la tiranía. No debemos temer esa visita si tenemos la seguridad de que  en toda circunstancia sabremos mantener en alto el pendón de la  dignidad y de la soberanía nacional”.

Y su consideraciones son diáfanas, para que nadie albergara dudas. 

¿Que  nos hacen exigencias? Las rechazamos. ¿Que desean conocer  nuestras opiniones? Las exponemos sin temor alguno. ¿Que desean  estrechar los lazos de amistad con la democracia triunfante en Cuba?

¡Magnífico! Eso es síntoma de que se reconoce el desenlace final de  esta lucha. ¿Que nos proponen una mediación amistosa? Respondemos que  no hay mediación honrosa, ni mediación patriótica, ni mediación  posible en esta lucha. Y eso no hay que decirlo, ya está dicho en el  Manifiesto de la Sierra Maestra”.

Ambas misivas, reseñadas en el libro Lucharemos hasta el final,  cronología 1957, del autor Rolando Dávila Rodríguez, son  aleccionadoras y útiles para la historia revolucionaria cubana.

Pero las maniobras mediadoras- léase intervencionistas yanquis no  cesaron, aunque con un cambio de ropaje. Así, el 9 de diciembre de  1958, un funcionario norteamericano, con la aprobación de Eisenhower,  le pidió a Batista que renunciara y diera paso a una Junta Militar, 
que impidiera el triunfo del Ejército Rebelde.

Ese mismo día Fidel, en respuesta a una información de la revista  norteamericana  Times en la cual se expresaba la posibilidad de que  los Estados Unidos intervinieran en los asuntos cubanos, a través de  la OEA, dejaría bien clara su postura:

(…)”De ninguna manera aceptaremos ningún tipo de intervención en este  conflicto (…) No aceptaremos nada que no sea la rendición  incondicional de Batista y Columbia. Todo el que permanezca al lado de  la dictadura, tendrá que rendirse. Ese es un problema que no hay ni 
que preocuparse. El  que venga a intervenir tendrá que entrar peleando 

(…)
El 17 de ese mismo mes, el embajador de Estados Unidos en Cuba, Earl  Smith, le comunicaba al dictador que su gobierno le retiraba el apoyo   y  sugería   la conveniencia de su renuncia e inmediata salida del  país. En realidad habían previsto que la victoria revolucionaria era  un hecho inminente y se esforzaban para evitarlo. Fidel, al mismo  tiempo, desbarataba las maniobras externas e internas. Hasta que el  primer día de enero de 1959, emergió triunfante la Revolución cubana,  que defendió su derecho de nacer y  continúa defendiendo el de seguir  viviendo, pese a las cada vez más brutales agresiones norteamericanas.

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Orlando Guevara Núñez

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