Santiago de Cuba,

30 de noviembre de 1956, jornada luminosa y combativa

29 November 2022 Escrito por  Jorge Wejebe Cobo

Desde el exilio en México, Fidel Castro afirmó: “En 1956 seremos libres o mártires” y junto a Frank País, líder del Movimiento 26 de julio (M-26-7), con quien se entrevistó en la capital azteca, acordó que simultáneamente con la llegada del yate Granma a las costas orientales a finales de ese año se realizaría el alzamiento en Santiago de Cuba y en otras ciudades, con el fin de obstaculizar las operaciones del ejército batistiano contra los expedicionarios.

Frank había explicado a los jefes de grupo que los objetivos de la acción eran cercar y hostigar el Cuartel Moncada con el disparo de un mortero y acopiar armas, para lo cual atacarían a la Policía Marítima, a la Nacional y asaltarían una ferretería en la Plaza Dolores. También estaba concebida la incorporación de los combatientes que arribaran en la embarcación en las zonas cercanas al desembarco como Puerto Padre, Guantánamo, Bayamo y Manzanillo.

La orden del levantamiento nacional llegó en un telegrama a Santiago de Cuba a las 11:00 de la mañana del 27 de noviembre con el siguiente texto: “Obra pedida agotada” y estaba dirigido a Arturo Duque de Estrada. Además, fue remitido a las direcciones provinciales del Movimiento 26 de Julio en La Habana y Las Villas, así como al Directorio Revolucionario.

De acuerdo con el mensaje que fue enviado después de la salida del Granma, se tomó como fecha de su arribo el 30 de noviembre, al calcularse el tiempo que demoraría la navegación hasta su destino, lo que no ocurrió por el retraso debido al mal tiempo y las condiciones de sobrecarga que traía la nave.

Años después del triunfo revolucionario, Fidel explicó: “(…) cuando se produce el desembarco precedido por el levantamiento del 30 de noviembre, al no producirse la coincidencia —y ese era uno de los riesgos de tratar de seguir una táctica de coincidencia exacta, porque cualquier incidente te retrasa en el mar, y eso fue lo que nos pasó— nos retrasamos dos días y, en consecuencia, se produce el levantamiento dos días antes. Todo el ejército cayó sobre la gente de Santiago, y después que dominaron el levantamiento todo el ejército cayó sobre nosotros. De modo que no se logró la fórmula más feliz en esa coordinación”.

Aquel amanecer del 30 de noviembre la lucha se generalizó en la urbe, con gran apoyo popular inclusive de amas de casa y gente humilde ajenas a los planes conspirativos.

Aunque los encargados de disparar el mortero contra el Cuartel Moncada fueron detenidos y se incendió la Estación de Policía, se tomó su sede marítima y también se asaltó la armería donde ocuparon cartuchos de cacerías y escopetas deportivas, todo como estaba previsto en el plan inicial. También combatieron en otras regiones orientales y en el resto del país se realizaron numerosas acciones, principalmente sabotajes.

A media mañana del 30 de noviembre de 1956 la resistencia mermó en Santiago por la caída de algunos de los principales líderes como Pepito Tey, Otto Parellada y Tony Alomá, frente a la gran cantidad de fuerzas del ejército y la policía enviadas a la localidad, por lo cual fue dada la orden de retirada.

El propio Frank País al rememorar la actitud del pueblo expresó: (…) “La población entera de Santiago, enardecida y aliada a los revolucionarios, cooperó unánimemente con nosotros. Cuidaba a los heridos, escondía a los hombres armados, guardaba las armas y los uniformes de los perseguidos; nos alentaba, nos prestaba las casas y vigilaba el lugar, avisándonos de los movimientos del ejército. Era hermoso el espectáculo de un pueblo cooperando con toda valentía en los momentos más difíciles de la lucha.”

La dictadura de Fulgencio Batista difundió la mentira de la muerte de Fidel y la liquidación de la sublevación en Santiago de Cuba y de los expedicionarios del Granma, una parte de los cuales fueron asesinados a mansalva después de ser tomados prisioneros.

Los esbirros festejaron ese fin de año con orgías, sin imaginar que se iniciaba el conteo regresivo del gobierno batistiano, que caería poco más de dos años después bajo el empuje de las columnas guerrilleras salidas de los expedicionarios, fundadores del Ejército Rebelde aquel histórico 2 de diciembre de 1956.

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