Santiago de Cuba,

Hermano de todo un pueblo

17 June 2022 Escrito por 

Cuando la admiración y la entrega incondicional provienen de un patriota extranjero, esa consagración no tiene precio. Así puede resumirse el valor del nacido en República Dominicana Máximo Gómez Báez.

Desde su adolescencia se alistó en el ejército nacional para enfrentar las fuerzas haitianas de Faustine Soulouque. Con posterioridad laboró al servicio de las filas anexionistas durante la Guerra de Restauración Dominicana.

Estuvo presente en los enfrentamientos militares de Santomé. Más era inevitable la victoria antianexionista, tras la cual Gómez se retira hacia una nueva causa. Cuando llega a Cuba se dedica inicialmente a labores agrícolas y al comercio.

Su afiliación por la independencia del gobierno español de la Mayor de Las Antillas, lo condujeron a honrar la condición de ciudadano cubano, como deseó él mismo. Vinculado a la gesta primero por José Vázquez, y luego por Eduardo Bertot Miniet. De ahí desde los días del inicio de las luchas contra el régimen colonial, se hiciese partícipe de las acciones de los mambises, con su arengo en El Dátil.

El machete se convirtió en su símbolo, la empuñadura de horror para el gobierno de España, fue así como encabezó la primera carga contra el enemigo con este medio, en Pinos de Baire (denominado Tienda del Pino, Ventas de Casanova y Venta del Pino). Este método de afronta era empleado en su ciudad de origen, costumbre trasladada por él al país.

General en Jefe, un extranjero que logró esta condición en tierras cubanas con iguales o superiores honores que los nacidos aquí. En los primeros ascensos militares brinda su servicio en Bayamo y luego Santiago de Cuba. La dirección la asumió en Jiguaní, como una de muchas otras responsabilidades en lo sucesivo, frente a la División Cuba, y jefe del Departamento Provisional del Cauto.

Dirige las tropas de Las Villas y Camagüey, y se opone abiertamente a las intenciones golpistas contra Carlos Manuel de Céspedes. La Guerra de los Diez Años había culminado, y con esta quedaban páginas incontables de sus batallas en el campo. El exilio lo esperaba en Jamaica, con la languidez de quien aún no ha cumplido el deber.

Su familia allí sumida en la pobreza, y él a duras penas con el financiamiento de sus coterráneos alcanza una posición económica de vida digna. No se detiene, y se traslada a Honduras para ejercer trabajos militares, como general de división y jefe de Amapala. Al poco tiempo regresa al territorio jamaicano de Kingston para ayudar a los suyos. Posteriormente, aliado a Antonio Maceo en la planificación de la nueva etapa de lucha, se produce en Nueva York el encuentro con el Apóstol José Martí.

Como resultado de su actividad revolucionaria, sufre encarcelamiento en República Dominicana. De retorno a Santo Domingo, se da fin al plan Gómez-Maceo, socializando las razones. Un encuentro en Montecristi con el Maestro, acompañado de la disposición del patriota para asumir el Ejército Libertador de Cuba. Tras esto se produce una segunda entrevista, sucesivo al fracaso del Plan de la Fernandina.

Máximo Gómez participó, asimismo, en la constitución del programa de la Guerra Necesaria, conocido como Manifiesto de Montecristi. Junto al Titán de Bronce protagoniza la invasión a Occidente, donde sus hazañas lo hicieron digno merecedor del sobrenombre El Generalísimo.

También, estuvo presente en la Asamblea de La Yaya. Ya había perdido a su amigo, e hijo, cuando se instaura para liderar los combates entre Las Tunas y Las Villas. La disciplina que imponía entre los suyos no tenía comparación ni distinciones.

A él fue a quien le prohibieron la entrada triunfal a Santiago, cuando la intervención norteamericana en el conflicto bélico cubano-español. En las nuevas condiciones, medió en el desarrollo de la Asamblea del Cerro, en la que se gestaron disyuntiva sobre los destinos de una Nación que figuraría endeudada hacia los Estados        Unidos. Destituido de su cargo en el ejército, solo pudo referir honorablemente:

“Nada se me debe y me retiro contento y satisfecho de haber hecho cuanto he podido en beneficio de mis hermanos. Prometo a los cubanos que, dondequiera que plante mi tienda, siempre podrían contar con un amigo”.

¡Cuánta grandeza! ¡Cuánto honor el de este pueblo, de haberlo tenido en la conducción de los destinos de su historia! Las protestas populares que generaron las actitudes de los asambleístas para la destitución del General en Jefe, terminó con la extinción de este organismo.

Inevitable el anexionismo, Gómez vio cómo se consumarían los intereses estadounidenses en la Isla. Sin riqueza alguna se retiró del mundo, como quien lo deja habitable solo para la grandeza de su alma. Al conmemorarse el Aniversario 117 de su fallecimiento, los cubanos glorificamos su ejemplo, presente en todos los tiempos.

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Milagros Alonso Pérez

Licenciada en Periodismo, Maestrante en Estudios de Lengua y Discursos. Graduada de los posgrados de Gestión, Redacción y Publicación de Artículos Científicos en Ciencias Sociales y Humanísticas y de Gestión de Redes Sociales. Profesora Instructora de la Universidad de Oriente. Periodista del Sierra Maestra.

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