Santiago de Cuba,
17 March 2022 Escrito por 
Omar Quintero es admirado porque se preocupa constantemente por el bien de los demás José Alemán Mesa

Después de dos meses andando desde La Habana hasta Santiago de Cuba y hacerse viral en redes sociales, Omar Quintero Montes de Oca, conocido como “el pagador de promesas”, dice que su vida seguirá igual, pero no es verdad: es imposible recibir tanto amor y ser el mismo.

Más de 900 kilómetros vencieron sus pies en 59 días para cumplir una promesa por la vida de su hijo Lázaro, un enfermero de 36 años que padece cáncer de mediastino desde hace 11.

No es posible saber cuántos siguieron, pueblo a pueblo, abrazo a abrazo, la travesía que inició en el mayor anonimato el 15 de enero pasado a las 5:50 am. Entonces, solo sabían de su determinación la familia y el jefe del Centro de Ahumados (de 19 y B, Plaza de la Revolución) donde trabaja.

Desde Los Pocitos (Marianao) hasta el Santuario de El Cobre, a pie, puede parecer un imposible a los 56 años; pero Omar estaba decidido.

-¿Cómo fueron las caminatas?

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Cuando vieron a Omar salir a pie de La Habana rumbo a Santiago, lo creyeron loco, pero el amor logró recorrer casi todo el país
“Difíciles, sobre todo al principio. Caminaba desde que las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde. Trataba de avanzar por lo menos 20 kilómetros diarios, aunque hubo días de más de 30, incluso llegué a andar 42 kilómetros en un solo día.

-¿Y cuándo parabas para comer?

“No paraba: mientras estoy caminando no como nada. Solo necesito agua, café y cigarros. Cuando caía la noche comía algo y me acomodaba en el piso de un portal, en una parada. Con tanto cansancio me quedaba dormido.

-¿Cuál fue la parte más dura del trayecto?

“La loma de Aguacate en Palma Soriano; todo ha sido difícil, pero como esa loma no, es demasiado empinada y pensé que no la subiría. Llegué a la cima casi desmayado.

“Esto (el viaje) me demostró que estoy entero. Mira hasta dónde llegué y gracias a Dios y a la Virgen cumpliré la promesa.”

buena fe

El encuentro con Israel Rojas fue un sueño cumplido en la travesía
-¿No has tenido dolores?

“¿Que no? He pasado ‘buenos’ dolores. El día que llegué a Florida, me había propuesto quedarme allí, pero me sentía con fuerzas y dije, voy a seguir hasta Camagüey. Cuando paré me sentía muy cansado, me dolían mucho las piernas…

“Entonces publicaron mis fotos y cuando mi hijo Lázaro me vio con vendas elásticas y una faja, me llamó y dijo: ‘Vira, papa, que estás cansado y no vas a llegar. Deja eso. Ven, que no quiero que te pase nada. Ven, papa...’

“Yo le dije ‘quiero intentarlo, yo sí voy a llegar, no te preocupes’; y aquí estoy por él.

¿Qué ha sido lo mejor de esta experiencia?

“El amor del pueblo: ese amor que no imaginaba ni esperaba y que siempre digo que no merezco.

“De Sancti Spiritu para acá me han apoyado muchísimo en las provincias por las que he pasado: me ayudaron los gobiernos, Salud Pública, la Cruz Roja, la gente que fui encontrando en el camino… Me han atendido cuando me he sentido mal, me han dado alimentos y un lugar donde descansar.

“La promesa debía ser de sacrificios y por eso nunca dormí dentro de una casa o en un centro de alojamiento, solamente en paradas, portales, y me bañé en ríos…

“Dicen que ahora soy famoso, pero nunca quise eso ni lo busqué. Te lo juro.

-Pero es verdad que eres muy conocido.

“Yo soy simplemente Omar: un trabajador común y corriente; un padre que cuando vio a su hijo en coma por el cáncer, a punto de morir, le prometió a la Virgen de la Caridad que si lo salvaba, iba a venir a pie desde La Habana hasta aquí… Y lo tenía que cumplir porque hace 10 años de eso y mi hijo Lázaro está vivo, enfermo, pero vivo.

Omar, a punto de entrar a la Basílica
“Lo que pasa es que me pusieron en Internet y cuando llegué a Sancti Spíritu aquello fue muy grande. Yo iba caminando y de momento miro para atrás y veo que me sigue un pueblo; ese día me subió la presión, me puse mal…

“Desde entonces en cada lugar que he llegado la gente va a donde estoy.

“He encontrado de todo: algunos se acercan para pedirme una foto, otros me abrazan, me dan velas, me llevan niños enfermos para que rece por ellos… incluso personas que me creen curandero y dicen que con tocarme van a sanar… y eso no es cierto.

“Sí trato de ayudar a todo el que yo pueda y devolver el amor tan grande que el pueblo me ha dado, donando lo que tengo a niños, ancianos, enfermos...”

-Muchos admiran lo que has hecho porque es un acto de valentía.

“Y de fe, sobre todo un acto de fe.

“En los momentos más difíciles, lo que me mantenía caminando era el apoyo de tantas personas, la fe de los que me decían: ‘Fuerza, Omar, que sí vas a llegar’. Nadie puede imaginarse lo que significaban esas palabras: el respeto y el cariño de la gente fue el impulso para llegar hasta aquí.

“Yo pensé que iba a estar solo; sin embargo, muchas personas me han acompañado por tramos, e incluso algunos vinieron hasta El Cobre conmigo: mi hijo menor, Richard, es uno de ellos. Vive en las Tunas y hay más tuneros en el grupo, igual que camagüeyanos, avileños…

“Yo quiero llegar al Santuario, pero es duro aceptar que vamos a separarnos. Este grupo es mi familia. Ellos también son mis hijos.”

Una multitud acompañó a Omar hasta el Santuario de El Cobre
-Hubo mucha solidaridad en el camino, ¿verdad?

“Sí. Me regalaron muchas cosas: ropa, zapatos, alimentos, agua, dinero… Nunca conté lo que me daban, pero cuando pasaba por un lugar donde había niños o ancianos, les entregaba lo que antes me habían dado a mí. Y yo espero que nadie se sienta mal por eso; creo que la mejor forma de agradecer esas ayudas, era dándolas más adelante.

“Hay gente que piensa que tengo mucho dinero y que cuando llegue a La Habana me voy a comprar una casa, un carro, una motorina… Algunos me llaman don Omar y no me gusta porque soy el mismo: trabajador, padre de familia; y cuando llegue a La Habana voy a seguir yendo al trabajo en la 222 (ruta de ómnibus) y viviendo en la misma casita con mi mamá y mi hermano.

“Quiero ver a mi madre que la extraño muchísimo y abrazar a mi hijo.”

El peregrino llegó en la tarde del lunes a la Basílica Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre. Empujando el carrito de madera que él mismo hizo.

Llevaba ocho días en Santiago, y dos acampando junto al monumento conocido como “La Tanqueta”, a unos seis kilómetros de El Cobre.

Allí, en medio de la nada, se reunieron decenas de personas de varias provincias, incluyendo al cantautor Israel Rojas, para acompañarlo en el último tramo de su travesía.

El líder de Buena Fe recitó a Omar los versos de una nueva canción, inspirada en su excepcional viaje y luego cantó “Valientes”.

Omar realizó donaciones a niños enfermos y en situación de discapacidad
Omar lloró mientras los demás cantábamos en un torbellino de emociones. Es indescritible la sensación de estar participando en un acto de amor, de altruismo y de una fe cubanísima, que trasciende las fronteras de la religión porque forma parte de lo autóctono, de lo identitario, en esta madre amada que llamamos Patria.

Según CNC TV Granma, Omar ha donado 100 000 pesos para la Salud Pública. En Jatibonico entregó 6000 pesos a una escuela especial, 5000 al hogar de ancianos, 3170 pesos a la familia de Alex Daniel, un niño autista, y 10 000 para la reparación de la Virgen de Guayacanes. En Ciego de Ávila dio 6000 pesos a la Casa de niños sin amparo familiar y 8 000 a la Catedral.

Aunque nadie pudo precisar cuánto, Omar entregó dinero al menos a cuatro familias santiagueras para el cuidado de niños en situación de discapacidad.

Además, a lo largo del camino regaló alimentos y otros recursos que le iban regalando por donde pasaba.

“Voy a seguir donando lo que tenga -dijo- sobre todo a los niños y a los enfermos. Porque hay que ponerle el corazón a Cuba; y mientras yo viva voy a pagar con amor el amor que me han dado.”

 

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Indira Ferrer Alonso

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