Significación del Cerro del Cardenillo y Monumento al Cimarrón

Categoría: Turismo
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monumento al cimarrón foto tocororo travelTrabajadores y esclavos del poblado de Minas de El Cobre, cerca de Santiago de Cuba, se sublevaron el 24 de julio de 1731 con el propósito de exigir sus derechos ante las malas condiciones a las que los sometían las autoridades españolas y probablemente fueron los únicos que durante la etapa colonial en la Isla lograron su objetivo por la vía de la insurrección.

Los antecesores de los sublevados eran antiguos esclavos africanos e indios que laboraron en las minas del citado mineral hasta el siglo XVII, cuando la actividad de la explotación de tales yacimientos casi se extinguió por dejar de tener interés económico en esa época y muchos de ellos se asentaron en el poblado y se dedicaron a la agricultura, el comercio y otras actividades dando origen al caserío.

El gobernador de Santiago de Cuba, Pedro Ignacio Jiménez, trató de obligar desde 1729 a esos habitantes a trabajar como nuevos esclavos en obras de defensa y de interés de la corona española, violando los derechos y tradiciones de la comunidad, la mayoría mestizos y negros e, incluso, concibió venderlos como cautivos en 1731.

Estos excesos provocaron la sublevación y muchos de sus protagonistas se unieron a los cimarrones de los palenques en las lomas cercanas.

Ante la decisión de los complotados, el poder colonial cedió a sus peticiones aunque solo en 1801 se legalizaron sus derechos y se les reconoció como hombres libres y dueños de la tierra, que la mayoría explotaban en pequeñas propiedades como campesinos. En tanto, esclavos participantes en la sedición obtuvieron su libertad mucho antes de que la esclavitud se aboliera en la Isla en 1886.

Quizás las razones que explican las causas de la excepcionalidad del tratamiento a la sublevación se encuentren en la propia ubicación del lugar, sitio de peregrinación y devoción a la Virgen de la Caridad del Cobre, por lo cual no era propicio convertirlo en escenario de severas represiones sin que se corriera el peligro de una implicación religiosa desfavorable al régimen peninsular.

Además, los sublevados fueron apoyados en sus reivindicaciones por el sacerdote Alejandro Ascanio, capellán del Santuario, quien los defendió ante las autoridades de la Isla y la propia Corona española.

Transcurridos tres siglos de ese hecho, el escultor santiaguero Alberto Lescay creó el Monumento al Cimarrón –que forma parte de la Ruta del Esclavo, proyecto auspiciado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura- símbolo de libertad y tributo a la memoria histórica que define a una nación, ubicado en el Cerro del Cardenillo, lugar donde estuvo con anterioridad el templo con la imagen religiosa de la Virgen de la Caridad, pero esa instalación se derrumbó.

En 1906, por la acción negativa de la explotación minera, el citado santuario se vio afectado y resultó imposibilitado en sus funciones hasta que se produjo su colapso y derrumbe años más tarde.

La actual Basílica, donde el Papa Francisco celebraró una misa, fue inaugurada el ocho de septiembre de 1927, a unos pocos metros del Cerro del Cardenillo.

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Artistas Que Adornan la Isla: Lescay y Su Monumento Al Cimarrón

Guillermo Alvarez (Tocororo Travel)

El Cobre, un poblado localizado a unos 22 kilómetros de la ciudad de Santiago de Cuba, resulta un lugar de vital importancia para la religiosidad de la Isla porque alberga dos centros de culto de gran valor para los practicantes de la fe Católica y la Yoruba, de origen africano.

Para beneplácito de Roma, en esta localidad se alza el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, la Santa Patrona de Cuba. Es el más visitado entre los de su tipo en el país, pues cada año recibe a decenas de miles de fieles y también a curiosos. Igualmente, para los descendientes de los negros traídos de África reviste gran significado, porque a su alrededor se extiende la denominada “Ruta del esclavo”.

Justo en las inmediaciones del pueblecito, se levanta la famosa Loma de los Chivos, la mayor elevación de la zona, que sin dudas constituye una de las mayores atracciones del lugar para creyentes y visitantes, porque está coronada con el Monumento al Cimarrón, tal como le llamaban al esclavo que huía del dominio de su amo y era ferozmente cazado con sabuesos, generalmente a través de intrincadas montañas.

Este monumento no es un homenaje cualquiera, no, es una verdadera obra de arte de colosales dimensiones, de la autoría del destacado artista Alberto Lescay, un consagrado de las artes visuales cubanas que goza de reconocimiento internacional por las singulares características que definen su trabajo.

Impresionante a la vista, tanto que se puede apreciar desde muy lejos, el cimarrón de Lescay es una pieza de casi diez metros de altura, moldeada en bronce y otros metales reciclados. Quedó instalada en la cima del promontorio en 1997, a donde se puede acceder subiendo más de 300 escalones.

La pieza no puede ser encasillada en estilo alguno, simplemente es una obra de Lescay. Sobre todo, trasciende dentro de su catálogo por el valor simbólico que resguarda para los fieles de las religiones de origen africano.

La figura es una simbiosis de elementos propios de tales creencias y que de modo general representa a un esclavo libertado por su propia voluntad, por su propia fuerza, con la mano extendida hacia le cielo, aunque el propio autor explica su significado de la siguiente forma:

“En esta semblanza, la cabeza de un pájaro puede transformarse en caballo en un ritmo contrastado por la diversidad de formas, la posición de la mano no es contemplativa, no implora, su gesto está contenido en la forma, en la intención de ir hacia arriba, mira su centro, al mismo tiempo la interpone al universo. Busca escapar para encontrar el camino tratando de leer la mano como símbolo de lo terrenal donde descubre la estrella que lo guiará a la libertad”.

Y continúa: “La mano es la imagen entre lo terrenal y lo universal, la marca, una mirada eterna entre El Cimarrón y la Virgen de la Caridad, Patrona de Cuba, donde se humaniza en el acercamiento constante del hombre a la emancipación salido de su nganga como fuerza vibratoria al espacio total”.

Ahora bien, para los pobladores el monumento es más que una obra de marcado valor artístico pues cada año, en los primeros días de julio, coincidiendo con la “Fiesta del Fuego”, los practicantes de las religiones afrocubanas celebran varias ceremonias y ritos mágico-religiosos en este emplazamiento, para así rendir tributo a sus ancestros.

El lugar es toda una atracción, realmente, pues asisten a la ceremonia de “Homenaje al Cimarrón” cientos de turistas motivados por las peculiares características de estas escenas, que transmitidas de generación en generación conservan aún sus cantos originales, entonados en las lenguas que hablaban aquellos primeros africanos arrancados de sus tribus originales y traídos hasta tan lejos.

El Monumento al Cimarrón es, sin dudas, una gran obra de arte y un símbolo que reconoce el dolor de los esclavos, que forma un conjunto bien pensado con otros elementos que integran la llamada “Ruta del Esclavo”, un proyecto de la UNESCO que tiene como fin dar a conocer las causas y consecuencias de este criminal y centenario tráfico de seres humanos.

Lescay lo definió así: “Yo no quería hacer un cimarrón a la manera que nos fue siempre presentado, un cimarrón ensangrentado que huía de los capataces y los perros, sino un cimarrón mucho más rico que encarnara la espiritualidad, cultura e historia”.

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