SANTIAGO DE CUBA.— Con fuegos artificiales —que en mágico espectáculo iluminarán la medianoche desde la bahía— y un brindis masivo por la prosperidad de esta tierra de esfuerzos y batallas, Santiago de Cuba dará la bienvenida este 25 de julio al medio milenio de su villa fundacional.
La ciudad de Toronto es el alumno que se inscribe en una carrera universitaria, con la clara idea de que los estudios no terminarán ahí, sino de que quiere graduarse del doctorado. En términos deportivos, organiza los Juegos Panamericanos con la firme intención de convertirse, en 2028, en sede olímpica.
La historia comenzó hace algunos años. Toronto ha fracasado dos veces en su intento por albergar el máximo evento deportivo del verano. La primera vez, perdió contra Atlanta en 1996 y, la segunda, quedó detrás de Beijing 2008. Y ese es el origen de la obsesión que la hace querer graduarse con honores en sus Panamericanos.
El Festival del Caribe no es solo una fiesta, es, ante todo, gente. Mitos y ritos. Una cita que año tras año reúne las expresiones de la cultura popular tradicional de nuestra región geográfica y que, al cabo de 35 años continuos, se ha consolidado como el espacio donde los pueblos caribeños se identifican a sí mismos con un trasfondo cultural común.
La tradicional quema del Diablo, en la Plaza del Mercado, ha cerrado esta edición 35 de la Fiesta del Fuego que, con acierto, tributó a los 500 años de la fundación de la villa de Santiago de Cuba y nos acercó a la cultura de la Mancomunidad de Las Bahamas.

