Quién duda de aquella vieja frase de que “Recordar es volver a vivir”. Quién aún piensa que cuando se entierran los momentos memorables, aquellos muy especiales como el primer beso, el primer día de la Universidad o del Preuniversitario, el cobro del primer salario o el regaño inmerecido por parte del jefe; no vuelven a salir a flote, como si fuese casi obligatorio pensar en ellos. Quizás el refrán me sirva de pretexto para pensar en ese tiempo precioso que se va, dejando profundas huellas en el alma de los amigos, de los hermanos, de los padres y madres… de los que difícilmente olvidan.
Parece que la belleza se resume en los extremos de Cuba. He tenido la oportunidad de estar en ambos lugares cercanos a los extremos, Viñales y Baracoa. Del último escribo hoy, porque la naturaleza se ensañó con este sitio alejado de todo. Allí donde me ubican las fotos más recientes de mi perfil de Facebook, tengo amigos. Y lo digo con orgullo porque la historia de la devastación más atroz fue y está siendo contada por ellos.
Luego de unos días de relativo “reposo”, por la expectativa ante el paso del huracán Matthew, continúa el esfuerzo de la población de Santiago de Cuba por eliminar el mosquito Aedes Aegypti de nuestro territorio; mucho más, cuando han caído algunas lluvias que favorecen la reproducción de este y otros vectores.

