Para muchos, conseguir novia no es cuestión de un chasquido de dedos, ni de simples "pavoneos". Algunos las deben luchar con versos, carticas y hasta un Ave María. Sin embargo, las insinuaciones, el “dice fulanita que” y las declaraciones por e-mails son, cada vez, más frecuentes.
Así, de sopetón, alguien podría pararse frente a usted y confesarle “tú me gustas”, y luego el vacilón.
Pocos fingen indiferencia. Tal vez por tímidos o porque no les hacen swing a la primera, ni aunque un socio les diga “qué clase niña” y después les
den un empujoncito.
Alguien, con pose de filósofo, podría decir que el romance constituye una especie de flor en peligro de extinción o de metafísica en la contemporaneidad. Tal vez, se readapta por influencias del reguetón, de ciertos programas televisivos y de mucho más.
A veces, por “urgencias hormonales”, uno se va detrás de la primera curva, y sufre un ponche. Claro, el jonrón, relación larga, no es la única pretensión en el juego de la vida. Hay momentos de simples toques de bola y hasta de robos de base.
Recuerdo que en la infancia, casi todo se resolvía con escribir “sí” o “no” sobre un pedazo de papel. Los más románticos enviaban poemas y cartas, surgían besos durante juegos y realización de tareas extraclases. El noviazgo incluía el encanto de la inocencia.
Según mi abuelo, en su tiempo había que pedir permiso a la familia de la jovencita para acercarse a ella, y eso tenía su caché. “Pero, abue, ¿todos cumplían? ¿Nunca tiraban una canita al aire?”, le pregunto. Él sonríe, y mi abuela lo mira seria.
Me recuesto a la silla y los observo. Es admirable su amor después de más de 50 años de matrimonio.
Ellos reconocen que todos no transitaban por ese camino y, en ocasiones, las relaciones tenían algo o mucho de secretas. Lo más significativo es lo que pudiera existir detrás de las formas. La ropa de marca, los teléfonos celulares y el dinero jamás alcanzarán el simbolismo de flores y caricias o el encanto de un paseo con ese alguien tan especial por la playa y otros lugares.
La adolescencia suele ser la etapa más complicada por la inexperiencia y la influencia de grupos. En ocasiones, presiones o impulsos convierten lo especial en un paso casi ajeno, que pudiera afectar la autoestima en nexos futuros.
En cuestiones de amor y conquistas, la esencia será siempre la misma, al menos cuando el sentimiento sea verdadero, aunque estemos en el siglo XXI o volvamos al pasado. Los padres deben ser amigos y consejeros, con su brújula de experiencia y comprensión, para evitarles tropiezos a sus hijos, y preocupaciones propias.
La idea de un idilio romántico es agradable; sin embargo, no pretendamos que todas las personas reciten poemas y acepten la posibilidad de la “media naranja”.
Cada quien expresa los sentimientos a su manera.