En los tiempos que corren, uno de los mayores problemas que azotan a la sociedad en varios países del mundo es el consumo de drogas, lícitas en mayor medida, pero también las de carácter ilegal.
Sépase que llamamos drogas a todo tipo de sustancias tóxicas que después de introducirlas al organismo tienen una influencia en el Sistema Nervioso Central; su origen puede ser natural o sintético, y su consumo frecuente conduce, por un lado, a la tolerancia que implica aumentar progresivamente las dosis para experimentar los mismos efectos, y por otro a la dependencia, que se manifiesta en la necesidad esclavizante de seguir con el consumo.
Muchas de estas sustancias surgieron como parte de ritos espirituales, otras con fines médicos…, pero su uso indiscriminado las ha convertido en verdaderas plagas para generaciones enteras, pues destrozan las vidas quienes la consumen, además de las personas que les rodean.
No importa si se trata de consumidores casuales o habituales, las consecuencias de las drogas son igual de graves. Entre las más comunes podemos encontrar: la adicción, que se considera una enfermedad del cerebro, pues tiene la capacidad de modificar los hábitos y conductas de las personas, convirtiéndolas en auténticos “títeres” en favor del consumo.
Otro de los problemas es el síndrome de abstinencia, que se traduce en las reacciones físicas y psicológicas que acarrea la no ingesta de estas sustancias, en tal sentido se enumeran: decaimiento, depresión, episodios de nerviosismo, ansiedad y una pérdida progresiva del control de las emociones.
Del mismo modo, su uso y abuso aumenta la probabilidad de adquirir graves enfermedades, ya que debilita el sistema inmunológico. Trastornos vasculares, cirrosis y hepatitis, son las enfermedades más frecuentes.
Por otro lado, existe una relación directa entre la soledad o asilamiento y estas sustancias, porque a medida que el consumidor avanza en su adicción, se distancia de su entorno más cercano, familiar, personal, profesional, etc., convirtiéndose en alguien que vive solo por y para su dosis.
Además, consumir habitualmente una droga es caro; el gasto único dirigido a la adicción repercute en la economía familiar y personal. Pedir dinero, robar, y otras conductas denigrantes, son acciones que se vuelven muy comunes en estos casos, cuando no aparecen los fondos necesarios para conseguirla.
Dice un eslogan popular que “mejor no empezar”, y nada más cierto, pero ¿qué lleva a una persona a tomar drogas? Las razones son múltiples.
No podemos descartar en primer lugar la curiosidad por saber lo que son; la idea de que resultan una solución para alejarse de la realidad; hay quienes las consideran el modo de encajar en un entorno determinado; y aunque parezca mentira, por el falso precepto de que no son tan perjudiciales para la salud.
Sin embargo, casi nunca llegamos solos a las drogas. Detengámonos a pensar un instante en las legales y por ende las más accesibles: café, tabaco y alcohol. En la mayoría de nuestras familias, sin ir más lejos, el desayuno va acompañado por una tacita o jarro de café; o le recomendamos a quien está estudiando beber esta sustancia para ayudarlo a combatir el sueño con el fin de que pueda estudiar mejor.
Cuántas veces no hemos visto a padres (y madres), pidiendo a sus hijos que le compren cigarrillos, y posteriormente que se los enciendan. Al igual que los que piensan que para hacer responsable socialmente a su descendencia hay que enseñarlos a beber, poco a poco y con la supervisión familiar “para que aprendan”.
Drogas lícitas o ilícitas, son solo por cuestión de clasificación, pero ambas resultan igualmente dañinas al organismo, a corto o largo plazo. Para que tenga una idea, el “inofensivo café” que toman placenteramente casi todos los cubanos en las mañanas, es el responsable de la utilización del 25% de los tranquilizantes y medicamentos, indicados para que las personas puedan alcanzar el sueño.
El tabaco mata anualmente alrededor de cinco millones de personas, y cada cajetilla de cigarros que se consume representa un día menos de vida; teniendo en cuenta el promedio de vida del cubano estaríamos restando unos 15 años de existencia si fumamos: Sin dejar de mencionar el alcohol, conocido en el mundo como la droga más dañina consumida de forma irresponsable.
En definitiva, las drogas pueden llegar a matar, y hasta que logran ese objetivo destrozan cada parcela de la vida de quienes las consumen. No obstante, es uno de los negocios tristemente más lucrativos del planeta.
Por eso, sin adentrarnos en otras cuestiones sociales o cultuales, ratificamos la premisa de que es la familia la primera escuela; y aunque se puede comenzar a consumir una sustancia tóxica en cualquier etapa de la vida, nuestros adolescentes y jóvenes son los más vulnerables. De ahí que la llamada célula básica tiene el deber de limar, de a poco, estas pequeñas deficiencias que pueden conllevar a grandes males.
La comunicación, el respeto, la comprensión, la información oportuna, y sobre todo la ejemplaridad, además de su papel primordial en la formación de valores, son factores fundamentales para prevenir el uso de drogas en estos grupos de riesgo. De tal forma, cada núcleo familiar estará ofreciendo a la sociedad, hombres y mujeres con la autoestima suficientemente alta como para escoger amigos que le aporten, y no le resten; y con la capacidad de decir: “NO a las drogas”.