Es sobrado decir que el 28 de enero de 1853 pasó a la historia cuando vio la luz, por primera vez, José Julián Martí Pérez, el más universal de los cubanos.
Desde niño, Martí conoció los padecimientos de su pueblo bajo el yugo colonial español. En su formación tuvo modelos revolucionarios, como los de Rafael María de Mendive, Félix Varela y Simón Bolívar, quienes fueron mostrándole, con sus acciones, ideales contrarios al régimen imperante.
Con solo 16 años comenzaron a brotar las primeras creaciones literarias con un marcado rasgo independentista. Sufre prisión por defender sus ideales e inspirado en este doloroso suceso escribe “El Presidio Político en Cuba”. Desde entonces comienzan sus viajes, pasando la mayor parte del tiempo en Nueva York donde organiza lo que sería la Guerra Necesaria.
Regresa a Cuba para luchar por ella no solo con las ideas, sino con las armas en la mano. Prematuramente, cae en combate el 19 de mayo de 1895, en Dos Ríos, como predijo una vez, de cara al sol.
Muchos han sido los seguidores y detractores de su figura y pensamiento, pero resulta imposible negar las constantes muestras de su vigencia. Luego de 163 años, grandes pensadores de nuestros tiempos como el teólogo brasileño Frei Betto y el expresidente de Uruguay José Mujica, proponen sus ideales como una respuesta a los acuciantes problemas que hoy padece nuestra región.
En la actualidad causa asombro ver materializadas las facetas de su pensamiento, con las que él solo pudo soñar. Sus ideales constituyen un paradigma, que ni con el pasar de los años pierden su validez.
En gran parte de nuestro continente podemos disfrutar de inclusión en los diferentes sectores de la sociedad. Se ha eliminado la diferenciación racial, aunque dolorosamente, aún quedan vestigios en el subconsciente de la gente, consecuencia de siglos de discriminación.
La mayoría de las naciones goza de su independencia y se interrelacionan, manteniendo acuerdos de colaboración en las esferas políticas, económica y social.
En Cuba tenemos percepción del riesgo que representan los Estados Unidos para nuestra independencia y soberanía, ese monstruo que él conoció y del cual nos advirtió sobre sus intenciones. Por eso los cubanos no nos dejamos encandilar por las posibilidades que representa el restablecimiento y la normalización de las relaciones con ese país.
Martí es hoy mucho más que un ideal, mucho más que un ejemplo a seguir. Martí es la seguridad de que un mundo mejor es posible.