Santiago de Cuba: historias entre sacudidas telúricas

Categoría: Opinión
Escrito por : Rosa María Panadero Vega
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Terremoto de 1932Los terremotos o seísmos son fenómenos naturales caracterizados por movimientos oscilatorios del suelo que se exteriorizan en algunas islas del Mar de las Antillas, y en Cuba resultan más frecuentes en el Oriente de país, afectando particularmente a la ciudad de Santiago de Cuba.

La cordillera de la Sierra Maestra es la principal área sísmica de la Isla, a partir del proceso de fallas que dieron origen a dicho sistema montañoso. Casi todos los terremotos de gran intensidad registrados en las áreas próximas a la Fosa de Bartlett durante los últimos cuatro siglos, han tenido su origen en las fallas que se extienden a lo largo de la costa sur de Cuba, continuando a través de Jamaica y La Española.

El hecho sísmico incluso, ha sido relacionado por sociólogos, psicólogos, historiadores y otros estudiosos, con el comportamiento del santiaguero: “forman parte del ejercicio enigmático de la naturaleza sobre esta comunidad, y no hay que desestimarlos si se quiere comprender la idiosincrasia de sus moradores” (1).

Siglos XVIII y XIX: inicios de la “era sísmica”

Aunque Santiago de Cuba fue testigo de disímiles terremotos desde sus momentos fundacionales como urbe a la sombra de explicaciones mágico-religiosas y al castigo del Creador sobre la pecaminosa raza humana, no fue hasta la medianoche del 11 de junio de 1766, que los habitantes de la séptima villa fundada por los conquistadores ibéricos, tomaron “conciencia” de su exorbitante alcance. Una fuerte sacudida, presuntamente de nueve grados de intensidad, provocó dos muertos, 51 heridos, además de 600 lesionados por vigas y otros objetos.

El entonces Gobernador Fernando Cajigal, gravemente herido durante el siniestro, encaminó esfuerzos para salvar a Santiago de Cuba del estado de consternación que sobrevino después entre sus ciudadanos: se levantaron carpas, se buscaron alimentos, se repartieron limosnas a las personas que habían quedado desamparadas y se reconocieron los edificios más afectados.

Casi una centuria después, un nuevo desastre de magnitudes funestas, se expande por Santiago de Cuba, a pesar de la “experiencia” de los nacidos en este terruño y las nuevas tipologías constructivas coloniales que abogaban por una mayor seguridad de los mismos. El 20 de agosto de 1852, se sintió una trepidación de 7.3 grados de magnitud. Los pobladores se instalaron en la Plaza de Armas, la de Santo Tomás, Trinidad y Dolores. En la tarde hubo sacudimientos fuertes, que provocaron que muchos fueran a borde de los buques anclados en la bahía para instalarse en sus cubiertas, en las estancias o en las casuchas de guano de la costa.

A las 3:30 a.m del día siguiente se produjo un terremoto intenso e increíblemente violento. A partir de entonces, nuevas conmociones se suceden hasta el número de doce. En los días finales de agosto se repitieron las sacudidas, así como en los meses de noviembre y diciembre, que mantenían un aterrador estado de ánimo entre los ciudadanos.

Crisis económica y política vs. Sacudidas terrenales

Corría la década de 1930. Instaurado en Cuba el sistema político neocolonial y en medio de la angustia económica y política generada por el régimen del dictador Gerardo Machado, nuevamente se ponía a prueba la capacidad de resistencia de la ciudad de Santiago de Cuba.

Los más ancianos aún recuerdan la fatídica madrugada del 3 de febrero de 1932, cuando un fuerte terremoto azotó la localidad con más de seis grados de intensidad, aproximadamente situada en su epicentro: “Horrible, anonadante, el terremoto de esta madrugada” era el cintillo titular del Diario de Cuba al día siguiente.

En los barrios de Firmeza, Daiquirí y Siboney se abrieron grandes grietas en el suelo que ofrecían peligro. Los mayores estragos se ocasionaron en la zona comercial de la Marina, donde vinieron al suelo los anuncios, los cables del tendido telefónico, eléctrico y los tranviarios.

Las torres de la Catedral se rajaron y anunciaban derrumbe. La Beneficencia y el Hotel Venus sufrieron daños de consideración, a tal punto este último, que tuvo que ser demolido. El tercer piso del Club San Carlos estaba perdido; también se derrumbó el Palacio de Justicia, situado entonces en el piso superior del Ten Cent. En el Reparto Vista Alegre todas las casas sufrieron quebraduras y grietas.

Varios presos sufrieron lesiones al derrumbarse paredes en la Cárcel Vivac, mientras otros aprovechando el momento lograron escapar. No se permitió ofrecer culto en las iglesias por los daños recibidos y tampoco funcionaban los teatros, ni las escuelas públicas o privadas.

En el Hospital de Emergencia y en el Hospital Provincial, a pesar de los daños se atendía a los lesionados. Sin embargo, hubo más de una decena de muertos y 200 heridos, algunos de los cuales por su gravedad fallecieron posteriormente. En los días ulteriores comenzaron las labores de recuperación, la prensa se hacía eco de ello a través del siguiente titular: “CUBANOS: ¡A salvar a Santiago!”; como una clara muestra del arduo trabajo que estaba por venir en aras de la reconstrucción, luego del terremoto más devastador del siglo pasado en la capital suroriental.

Principales episodios de la actual centuria

El 20 de marzo del 2010, se produjo un terremoto de 5.5 grados de intensidad, considerado como uno de los más fuertes en los últimos cincuenta años. La población, llevada por el instinto de conservación, salió de sus casas hacia las calles, solares y parques en busca de refugio seguro, pues apenas unos meses antes, el 12 de enero del 2010, la vecina Haití había sido azotada por un seísmo que la destrozó hasta sus cimientos.

Aunque este siglo no ha sido prolijo en la ocurrencia de eventos sísmicos, las alarmas se dispararon nuevamente cuando a la 1:37 a.m del pasado domingo 17 de enero, una sacudida de 4.8 grados, seguida por otros once movimientos telúricos el quinto de ellos de 5.0, hizo trasnochar a más de un santiaguero.

El Sistema Nacional de la Defensa Civil, el Centro de Investigaciones Sismológicas y las máximas autoridades de Partido y el Gobierno en la provincia, rápidamente tomaron las riendas de la situación, por lo que no se lamentaron daños materiales ni humanos. La obra de la Revolución, tiene entre sus bases fundamentales la seguridad de todos sus ciudadanos.

Los terremotos son parte indisoluble del desarrollo e historia del territorio indómito, y más allá de los efectos abrumadores que estos puedan causar entre las personas, siempre primará el sentido del humanismo y la solidaridad de sus hijos. Me permito citar entonces una frase de la Dra. Olga Portuondo Zúñiga, Historiadora de la ciudad, cuando expresó: “En Santiago la tierra tiembla, pero los hombres no” (2).

Fuentes consultadas:

(1) Portuondo Zúñiga, O., (2014) “¡Misericordia! Terremotos y otras calamidades en la mentalidad del santiaguero”. Santiago de Cuba, Editorial Oriente, p. 15.

(2) Íbidem, p. 175.

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