Cuba festeja hoy el Día del Educador, recordando aquel luminoso 22 de diciembre de 1961en el que Fidel, escogiendo como sitio idóneo a la Plaza de la Revolución de la capital, declarara a Cuba “Territorio Libre de Analfabetismo”.
Esa jornada, el líder histórico de la Revolución cubana señaló: […] “Hemos ganado una gran batalla, y hay que llamarlo así: batalla, porque la victoria contra el analfabetismo en nuestro país se ha logrado mediante una gran batalla, con todas las reglas de una gran batalla. Batalla que comenzaron los maestros, que prosiguieron los alfabetizadores populares, y que cobró extraordinario y decisivo impulso cuando nuestras masas juveniles, integradas en el ejército de alfabetización ‘Conrado Benítez’, se incorporaron a esa lucha[1]”.
A esa inmensa frase, agregaría que fue en efecto fue una gran batalla, y que como toda gran batalla cobró la vida, la sangre joven de revolucionarios humildes de la talla de Conrado Benítez y Manuel Ascunce Domenech. Manos asesinas y viles que no consiguieron frenar el empuje del proceso de transformación social iniciado el 1ro de Enero de 1959. De esta forma, la Revolución cubana, encarnada en la figura de Fidel Castro, ponía fin a unos de los seis problemas fundamentales, lastres de la etapa de dominación neocolonial, denunciados por nuestro máximo líder en su alegato de autodefensa “La historia me absolverá”.
José Martí, El Maestro, se refirió en una ocasión a la labor trascendental de los educadores: […] “Un buen maestro es el que educa bien a la par que instruye, quien posee el secreto de una disciplina dulce y sin castigos, el que es mentor y compañero a un tiempo. Ser buen maestro es un modo de hacer Patria, y esta es de fijo la mayor grandeza […]; a sus discípulos nos queda más que el recuerdo de sus buenas enseñanzas y de sus muchos triunfos: a nosotros nos queda algo más grande y mejor: su ejemplo[2]”.
El desempeño de los educadores se ha convertido para la nación en la espada para la defensa de la cultura, en el cultivo de la inteligencia y en la formación del hombre integral que demanda nuestra sociedad. Se erigen como sembradores de valores, sentimientos patrióticos y con profundo sentido humanista vencen el día a día moldeando a las nuevas generaciones, trasformando espíritus y modelando conciencias.
[1] Documentos pertenecientes a la enciclopedia colaborativa EcuRed. Consultado en línea el 21 de diciembre de 2015.
[2] Íbidem.