La profesora de biología

Categoría: Opinión
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melbaCuentan sus compañeros de trabajo que cada clase era un derroche de maestría pedagógica y que cuando llamaba la atención lo hacía tan cariñosamente que parecía una felicitación.

Los que por años se sentaban frente a ella confiesan que no parecían clases que era como si estuviera haciendo un cuento de la flora o la fauna y que cada explicación, detalle o momento tenía algo especial, pero sobre todo fácil de entender para aprender.

Así transcurrió su vida laboral que se extendió por más de 30 años y que como el primer día amó y se entregó a ella en cuerpo y alma, con la misma pasión con que enseñó a leer y a escribir en su casa a personas mayores de edad en un momento en que el país solicitó esta ayuda.

Traspasó los límites de las escuelas donde trabajó porque su casa casi era una extensión de la escuela primaria donde laboró primero, y luego del pre-universitario Cuqui Bosch donde se jubiló a la edad de 55 años.

Los años han pasado, más caminar la ciudad junto a ella, ir a la consulta de un médico o a un restaurante casi casi que hay que pensarlo dos veces porque es enorme la cantidad de personas que la detienen para saludarla con mucha ternura o para recordar una época ya lejana en el tiempo pero siempre presente en el recuerdo de muchas, muchos y de ella misma porque nada como acordarse de  los buenos momentos vividos dentro de un salón de clases.

En la casa siempre tuvo tiempo para educar y enseñar a todo el que se encontraba a su alrededor y conste que hoy con 84 años de edad muchas personas acuden a ella en busca de un consejo sabio y su casa continúa siendo un sitio permanente de tertulias de los más diversos temas.

Este relato no salió de mi imaginación y es la historia de quien nació para llevar consigo la luz del saber. Su protagonista es Melba Peña, a quien muchos discípulos llaman la profe de biología pero yo prefiere decirle sencillamente mamá.

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