Hace poco vi dos hechos el mismo día que me “chocaron” y me hicieron reflexionar sobre la decadencia que existe en la sociedad cuando con violencia reclamamos nuestros derechos.
El primero fue en la cola de una carnicería, no hacía calor pues es climatizada y tampoco era tan larga, como para irritar a las personas, un señor compró su mercancía y al poco rato volvió todo desaforado y le dijo al dependiente: “O me pesas bien o más nunca tú vas a volver a despachar”. Bueno, pensé por dentro, lo va a matar delante de todo el mundo, porque para que algo este pesado correctamente cuesta creerlo.
Se hizo un silencio total, aquel suceso estremeció a todos pues conocemos de sobra los índices de violencia que hay en las calles pero nadie quisiera presenciar algo tan feo, mi pensamiento parece que era colectivo ante tal amenaza.
El joven menos mal que reaccionó bien, a mi entender, y en vez de guapear igual que el individuo cogió el nailon lo pesó y tenía el gramaje por el cual él le había despachado, el hombre seguía diciendo oprobios y el dependiente lo pesó nuevamente delante de todos en otra pesa de la administración, y le dijo: “Aquí las pesas están certificadas”.
Las personas comenzaron a decirle cosas al señor y él expresó: “Por eso estamos como estamos, y la gente roba porque ustedes no reclaman su derecho”.
Y en parte concuerdo con él, si no reclamamos los derechos de un pesaje correcto por el que pagamos, estamos dando cabida al delito, a la corrupción, al engaño al pueblo y eso es algo por lo que debemos velar tanto los consumidores, los directivos y organismos reguladores, para que en los mercados, tiendas, comercios y puntos de venta la pesa siempre sea a favor del cliente.
A mi modo de ver, el error de este ciudadano estuvo en la forma de reclamar su derecho, aunque incomoda pensar que le están robando su dinero y llena de ira al más pasivo, la grosería y el mal vocabulario delante de todos no puede ser la cotidianidad para exigir un servicio, un trato, un producto.
Y digo esto porque mi otro ejemplo fue a pocas horas de este incidente y con la misma lectura, esta vez en la acera de la avenida Garzón, frente al círculo infantil Ana de Quesada.
Había una gran cantidad de personas en esa ubicación a eso de las cuatro de la tarde, cuando de pronto llega una guagua, la gente que se mueve de un lado hacia el otro en cuanto vieron el ómnibus se mandaron a correr para cogerlo, sin pensar que atropellaba al otro público que estaba en el mismo sitio.
Venía una muchacha que salía del círculo con dos niños pequeños y otro señor deseoso de coger el P le metió un empujón y sin disculparse iba diciendo: “Chica sal del medio...”, la joven se viró y le dijo cuatro cosas, a decir en buen cubano.
Otra vez, la violencia verbal, que también hace daño y puede devenir en la física, se hizo protagonista de la escena.
Sé que ejemplos como estos son comunes en el día a día, y hasta he escuchado que si no “formas lo tuyo” ya sea en hospital, para hacer un trámite o simplemente exigir lo que te toca por derecho, no se consiguen las cosas.
Entonces me pregunto, ¿nos habremos acostumbrado a que con la violencia todo se resuelve? Creo que no, ganaríamos más si con educación reclamáramos lo que nos toca, o aún mejor, lo ideal sería que no tuviéramos que reclamar nada porque nuestros derechos fueran respetados.
Vivimos en una sociedad civilizada, educada y aunque los problemas y el estrés, en todos los sentidos, nos quiera ganar la batalla, actuar como humanos del siglo XXI es un reto. Desechemos la mala forma, pensemos que nuestros derechos acaban cuando infringimos los ajenos.