El gobierno de Estados Unidos oficializó este pasado lunes las nuevas sanciones impuestas a Cuba, con el pretexto del apoyo de la isla al gobierno bolivariano de Venezuela y su presidente constitucional, Nicolás Maduro.
Una nota publicada por la prensa nacional precisa que las nuevas restricciones están relacionadas con la compra de productos que contengan más del 10 % de componentes norteamericanos, tal como en la era Bush, derogada luego por Obama, y ahora impuesta de nuevo, así como el arrendamiento de aeronaves y embarcaciones, con el fin de apretar aún más la soga del bloqueo.
Esto no es porque se le ocurrió de pronto, sino que, como se afirma en sitios de internet consultados por este redactor, Trump esta obcecado ante el ejemplo de firmeza y lealtad a los amigos, ratificado por la dirección y el pueblo cubanos.
Desde que llegó a la Casa Blanca, en enero de 2017, el presidente estadounidense ha endurecido la política agresiva hacia Cuba, como son con uno u otro pretexto, entre otras cosas, el aumento del embargo comercial, las reducciones del personal diplomático, las limitaciones de los viajes a Cuba por parte de los ciudadanos norteamericanos, las restricciones a los cruceros, las limitaciones para el envío de divisas a familiares aquí, y ahora las mencionadas nuevas medidas.
Para políticos y observadores objetivos, todo esto forma parte de la guerra económico-política de la actual administración, para intentar rendir, poner de rodillas al pueblo cubano, pero que fracasará al igual que todas las anteriores administraciones del imperio yanqui.