No todos son entendidos en materia de política ni asiduos consumidores de información periodística; sin embargo los santiagueros no dudan en plasmar su nombre en las planillas para la recogida de firmas, que patentiza el reclamo de excarcelación inmediata para el expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.
En esta semana centros fundamentales de la provincia como el Laboratorio Farmacéutico Oriente, los hospitales Dr. Juan B. Zayas Alfonso y Saturnino Lora, y la Universidad de Oriente, han sido escenario de actos para mostrar el respaldo y la solidaridad del pueblo cubano con Lula, un amigo de la Revolución Cubana y latinoamericano cabal.
Tal vez muchos jóvenes y otros no tanto, se preguntan a qué viene esta iniciativa; por qué la causa de Lula es nuestra; o qué nos une a este hombre. Hay una palabra universal que puede abarcar las diversas respuestas que cada quien daría a estas interrogantes: humanidad.
Lula llegó al poder en 2002 y fue mandatario de Brasil durante ocho años. Es considerado el mejor presidente de la etapa moderna en el gigante sudamericano por su gestión a favor de la economía, la justicia social y la protección al medio ambiente. Y en política exterior, puede decirse que consagró su mandato a promover proyectos de cooperación e integración no solo en América Latina, sino en otras regiones del planeta.
Hace más de un año que guarda prisión política, el hombre que tiene en su historial varias décadas de lucha por los derechos de los obreros y por la protección del patrimonio nacional. Fue acusado en 2016 por la presunta participación en un caso de corrupción en la estatal Petrobrás, por lavado de dinero y ocultación de patrimonio.
Aunque no existe evidencia para sustentar tales cargos, el proceso judicial en su contra ha sido politizado y la imposición en 2017 de la sanción de 12 años y un mes de prisión responde al imperativo de la ultraderecha brasileña de no permitir que el veterano luchador se presentase a las elecciones presidenciales de 2018; en las cuales -según las encuestas- tenía amplias posibilidades de resultar electo.
Ahora, cuando se acerca el cumpleaños 74 de este revolucionario -el próximo 27 de octubre- el pueblo santiaguero, como el resto de los cubanos, muestra respeto y solidaridad a la batalla que dan en Brasil los obreros por el fin de la infamia. Con Lula tras las rejas, el régimen de Jair Bolsonaro asegura que el fundador y líder del Partido de los Trabajadores no acceda al gobierno; lo que no va a lograr es acallar la voz de las mujeres y los hombres de buena voluntad de todo el mundo que hoy exigen justicia.
Lula es un referente mundial: ha recibido premios y condecoraciones de gobiernos, universidades, organizaciones no gubernamentales y movimientos progresistas de todo el planeta por su acertada gestión como mandatario y por sus aportes a la lucha por los derechos humanos.
Para los cubanos ha sido un amigo, y para la Revolución un compañero de lucha. Cómo olvidar sus palabras al conocer de la muerte de Fidel: “En los peores momentos, cuando las dictaduras dominaban las principales naciones de nuestra región, la valentía de Fidel Castro y el ejemplo de la Revolución cubana inspiraron a los que resistían la tiranía.”
Lula fue el primer presidente en venir a Cuba cuando en 2003 se intentaba dar la imagen de que el gobierno estaba aislado políticamente por el enfrentamiento a planes de subversión en la Isla.
El suceso que fue “vendido” a la opinión pública internacional como una serie de arrestos arbitrarios a pacíficos disidentes, que causó un conflicto diplomático con la Unión Europea, el principal socio comercial.
Sin embargo, el entonces mandatario brasileño, en abierto desafío a los que promovían el aislamiento, vino a La Habana acompañado de 60 empresarios de su país a establecer lazos de cooperación y a fortalecer los vínculos bilaterales en todos los órdenes, especialmente en el área económica.
De esa visita resultaron cinco acuerdos para la inversión de unos 200 000 000 de dólares en rubros como la producción de fármacos, el turismo y la producción de combustible.
De él dijo Fidel, que era “... un obrero tornero que dirige los destinos de Brasil con enorme sentido práctico y una gran inteligencia natural”. Precisamente, esa cualidad que vio el Comandante en Lula, es lo que inspira hoy a los movimientos de izquierda del país sudamericano a reclamar la libertad del líder social. A los cubanos, nos mueve la gratitud por el amigo y la admiración por el luchador incansable y universal.