Ahorrar no significa dejar de hacer

Categoría: Opinión
Escrito por INDIRA FERRER ALONSO
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transporteLa vida está difícil en muchos aspectos y las grandes dificultades para el transporte, son el ejemplo más visible. Basta mirar las calles más céntricas de esta ciudad en los horarios pico de la transportación de personas, para percatarse de que antes y después de trabajar y de asistir a centros de salud o de estudios, las personas que viven en comunidades alejadas de la urbe, como los centros urbanos Abel Santamaría, José Martí y el poblado El Caney, por citar algunos, pasan horas en las paradas tratando de abordar algún vehículo para irse a su casa. Mi pueblo sigue adelante

Sin embargo, para quienes vivimos el llamado Período Especial, es esperanzador que a pesar de los altibajos que han existido en la venta de alimentos, desde hace algunos meses ha sido estable el abasto de productos lácteos, cárnicos, granos y otros alimentos a los establecimientos comerciales en ambas monedas.

Tampoco se ha repetido la “pesadilla” de los frecuentes apagones de principios de los 90. No obstante, la necesidad del ahorro de electricidad y de combustible ha obligado a cambiar las dinámicas en varios ámbitos de la vida.

En los centros laborales se han reorganizado los horarios, la fuerza y los recursos, a veces en detrimento de comodidades como utilizar equipos de climatización para hacer más confortables los locales, o de la satisfacción de necesidades como tener transporte para llegar al trabajo y salir de este hacia los lugares de residencia. No obstante, en situaciones excepcionales hay que adoptar medidas excepcionales que, aunque no nos gusten, son la única manera para resistir el recrudecimiento del bloqueo norteamericano a Cuba.

También se ha establecido la práctica de apagar los equipos y luces durante las dos horas de mayor consumo de electricidad diurno y, de extremar el ahorro en el llamado “horario pico nocturno”. Es así como de las 11:00 a 13:00 horas, y de las 18:00 a 22:00 horas, se trata de reducir al mínimo el gasto de energía en el sector estatal.

Y sí que es loable esta medida, pues gracias a su cumplimiento y a la contribución al ahorro, aún insuficiente, del sector residencial, se está logrando mantener el servicio eléctrico a la población.

Ahora bien, los reajustes no pueden significar dejar de aprovechar la jornada laboral, dejar de cumplir los compromisos previstos para esta etapa y soslayar la calidad en la atención a las personas en los lugares donde se presta servicios a la población.

Informar oportunamente los nuevos horarios, buscar alternativas para continuar funcionando sin afectar a los trabajadores pero tampoco a los usuarios, debe ser la premisa de los centros comerciales, gastronómicos, de Salud y de las oficinas de trámites.

En esta etapa tan difícil y que tanto descontento puede generar, se hace imprescindible mantener a toda costa, y en la medida de lo posible, las producciones físicas y de utilidades, las prestaciones sociales, y sobre todo el respeto y consideración entre las personas.

No es tiempo de individualismos ni acomodo en las privaciones para no hacer, para no avanzar. Lo que ahora obviemos en nuestras obligaciones laborales repercutirá inevitablemente en la sociedad. El disgusto general y la desconfianza en el gobierno -cuyo mandatario no pertenece a la generación histórica- es la apuesta de los que hoy intentan asfixiarnos de hambre y de necesidad.

Cualquier persona medianamente normal puede percibir que los cubanos somos blanco de una política criminal con la cual Donald Trump pretende “llevarse el gato al agua” y lograr el fallido intento de más de una docena de presidentes de destruir la Revolución.

El bloqueo es esto que estamos viviendo todos los días. Es la persecución y las sanciones, la intimidación a toda empresa que comercie con Cuba, a toda naviera que envíe petróleo o cualquier otro portador energético a la Isla.

Al margen de algunos problemas que persisten en nuestra sociedad, este gobierno, como el de Fidel y el de Raúl, sigue apostando por las garantías sociales, la equidad y la soberanía nacional; así como por la paz, la cohesión y la solidaridad internacional. Y no hay nada más genuino y admirable que eso, precisamente en un mundo en el que se pondera el valor del dinero sobre los derechos elementales de las personas.

Ahora hay que reajustarnos, pensar en cómo ayudar al vecino, al compañero de estudio o de trabajo, o al que simplemente va por la calle, como nosotros, pasando buenas y malas.

Ahora hay que esforzarse por hacer lo que nos toca y hacerlo bien a pesar de las circunstancias; hay que ahorrar electricidad en casa y evitar utilizar los electrodomésticos de mayor consumo durante los horarios pico.

En las madrugadas y las mañanas continúa la generación eléctrica, aun cuando la demanda es menor. Aprovechar esas horas para las tareas que requieren mayor consumo eléctrico, es una buena manera de contribuir con el bienestar de todos.

Vale un mundo llegar a casa después de la jornada laboral, después de las amarguras de luchar con el transporte, y hallar servicio eléctrico. No pongamos eso en peligro, derrochando o dejando de utilizar inteligentemente las posibilidades de cada horario.

Ahorrar, tanto en casa, como en el trabajo, no significa dejar de hacer.   

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