Un acto de justicia

Categoría: Opinión
Escrito por Indira Ferrer Alonso / Fotos: Estudio Revolución y Cubasí
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Toda Cuba habla de lo mismo: en agosto los trabajadores del sector presupuestado recibiremos el primer pago del incremento salarial establecido en la última sesión del Consejo de Ministros. Y mientras casi todos andamos a la caza de información sobre el tema y haciendo cálculos sobre lo que debemos cobrar, julio cierra las puertas de un período signado por los bajos ingresos de más de un millón de cubanas y cubanos.

El presidente ha dicho que la medida es significativa pues se adopta justo cuando para este país aumenta la persecución financiera y se produce la contracción de los créditos y el cierre de los mercados más próximos; una coyuntura que arrecia los problemas económicos de la población y que impacta severamente en el avance del país en todos los sentidos.

Sin embargo, el aumento de salarios es un modo de afrontar las consecuencias de esas dificultades; pues no solo constituye una mejora en el poder adquisitivo, y por tanto en las condiciones de vida de las personas; sino que pretende cambiar la relación del trabajo con los ingresos, lo cual responde a una vieja deuda del Estado con los trabajadores de un sector en el que -como admitiera Díaz-Canel- se defienden las conquistas de la Revolución y se prestan servicios de suma importancia.

Y no se trata de una decisión populista, como algunos medios de comunicación extranjeros la han calificado, sino de un paso fundamental en el propósito de ordenar al país y de operar cambios para que la economía funcione de manera coherente. El aumento salarial busca elevar la motivación y el compromiso de los empleados y, por tanto, el rendimiento y aprovechamiento de la jornada laboral, lo que se traduce en más eficiencia y productividad.

Si bien con los nuevos salarios no quedarán satisfechas las necesidades de todos, sí constituyen un reconocimiento a la permanencia en el sector presupuestado de mujeres y hombres que durante años tuvieron bajos ingresos; además dignifica el trabajo de quienes se han preparado y se han superado profesionalmente.

La ministra de Trabajo y Seguridad Social, Margarita González Fernández, explicó en el espacio televisivo Mesa Redonda, que hasta el mes pasado la diferencia en el pago que recibían operarios de mayor y menor nivel en el sector presupuestado era de unos 50 pesos y que ahora será de 200 pesos. Esto no solo reconoce el mérito y la calidad del trabajo, sino que busca avivar el interés por la superación y la promoción de los más capaces.

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González explicó que no se trata de favorecer que vuelvan a inflarse las plantillas, sino de tener en los centros de trabajo a personas que realmente aporten y que se sientan estimuladas y motivadas; algo que repercutirá en la calidad de los servicios y en el bienestar de la población.

A juicio de esta reportera, hay sabiduría y sobre todo compromiso con el pueblo en el llamado del Presidente a pensar y a trabajar como país, sintiéndonos todos protagonistas y responsables del avance de la nación.

El aumento salarial y de las pensiones a los jubilados (de 242.00 a 287.00 y de 270.00 a 315.00 pesos) es una medida justa pero osada en las actuales circunstancias y más que un deber es cuestión de supervivencia responder a las demandas de la economía y de los programas sociales. De la primera porque sustenta la existencia misma de la Revolución y de los segundos porque aseguran la calidad de vida, el ordenamiento político y social y la espiritualidad de la nación.

Alejandro Gil, ministro de Economía y Planificación, ha explicado en los últimos días las prioridades del país para afrontar la crisis actual y, más que paliar sus consecuencias, sacar a flote las capacidades internas de la economía cubana, mediante tareas a las cuales Sierra Maestra dará seguimiento. Y las mejoras en los ingresos de un millón y medio de cubanas y cubanos es un primer paso en ese empeño.

Díaz-Canel aseguró que el Estado observará cómo se comportan el consumo, el mercado y la formación de precios, y Gil fue categórico al afirmar que un aumento de salarios en el sector presupuestado no tiene por qué llevar a un aumento de los precios, pues no se operarán cambios en el costo de producción en el sector empresarial ni en el sector no estatal; además no se incrementarán los impuestos a los cuentapropistas. Por tanto, como puntualizara el ministro, “las reglas del juego se mantienen iguales (...) sí habrá más demanda pero el aumento de precios no puede contradecir el sentido de la medida”.

Pienso que a las administraciones municipales y provinciales les queda la obligación de velar por que se cumpla este principio y a los trabajadores corresponde hacer lo suyo y hacerlo bien: con inteligencia, con amor y sobre todo con respeto al pueblo. Puede que lo mejor de esta subida de salarios sea su vocación de equidad social y no del dañino igualitarismo que tantas veces nos ha golpeado: ha sido dar más a los que más necesitan.

Y aunque soy del criterio de que debieran replantearse algunos aspectos del aumento para lograr verdadero equilibrio en la remuneración de trabajadores del mismo gremio; reverencio -como la mayoría- la voluntad del gobierno cubano de convertir en ley lo que es reclamo de la población.

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