Una realidad distinta

Categoría: Opinión
Escrito por María de Jesús Chávez Vilorio
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reforma agraria cuba santiago de cubaCuando analizó Fidel los seis grandes problemas de la neocolonia, en La Historia me Absolverá, el Problema de la tierra se manifestó como el antecedente de la Primera Ley de Reforma Agraria, firmada hace ya 60 años, un 17 de mayo de 1959. Una ley que priorizaba a un sector poblacional amplio y muy maltratado desde tiempos inmemoriales.


Cuba no era el único país que necesitaba con urgencia una ley de este tipo, pero la forma en la que se llevó a cabo, su alcance y sobre todo sus resultados, nos ponen a la vanguardia en, al menos, todo un continente. Los campesinos trabajaban en las tierras de colonos y terratenientes, como arrendatarios y aparceros, dependiendo en primera y última instancia de las decisiones de los dueños. La mitad de las mejores tierras cultivables estaban en manos extranjeras. El campesino pasaba hambre, no tenía acceso a los servicios más básicos, y era el último eslabón en una cadena en la que, sin embargo, era el eslabón más importante, pues la tierra solo es verdaderamente útil si alguien la trabaja con amor, dedicación y sabiduría.
Así que a La Plata, el mismo sitio donde menos de un año atrás se encontraba la Comandancia del Ejército Rebelde, regresó Fidel, en aquel momento Primer Ministro, y firmó la Ley ante testigos, a los que advirtió de la resistencia que opondrían algunos sectores ante la idea. Sin embargo, ratificó la importancia que tendría para acercar a Cuba, cada vez más, al sueño martiano de "con todos y para el bien de todos".
Con la Ley, 300 mil caballerías fueron expropiadas a latifundistas y terratenientes; el 45,8 por ciento del área agrícola de Cuba pasó a manos de los campesinos, y el 54,2 por ciento se gestionaba en la propiedad socialista; la Revolución entregó más de 100 mil títulos de propiedad de la tierra a quienes la trabajaban honradamente, y benefició a las de 200 mil familias cubanas.
Las imágenes que se conservan hablan por sí solas: los campesinos se veían dueños de sus tierras y no se lo podían creer. Sus nombres aparecían en aquel papel, que muchos ni siquiera podían leer por sí mismos, al lado de la condición de propietarios, y una cantidad de terreno. El mismo que trabajaban desde hacía años, desde generaciones quizás, aunque siempre sujetos a la posibilidad aterradora del desalojo.
Pero luego del 17 de mayo, esa realidad cambiaría. Y ya lleva 60 años siendo distinta.

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