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Dos maneras de hacer infeliz a una mujer

Categoría: Opinión
Escrito por Indira Ferrer Alonso / Imagen: tomada de Internet
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contra la violenciaHay muchas formas de hacer infeliz a una mujer, de lastimarla, de humillarla, de violentarla; y de eso vamos a hablar para que nuestras lectoras puedan identificar cuándo están en una situación de violencia, y para que nuestros lectores conozcan qué conductas los llevan a perder el amor y el respeto de su pareja. Y aún peor: qué conductas los denigran, pues no hay nadie más miserable que quien agrede la dignidad y la integridad de otra persona.


Las bromas hirientes: nunca se sabe si lo hacen con mala intención o si, lo que es peor, les sale espontáneamente; pero hay hombres que disfrutan hacer esas “inocentes” burlas sobre el aspecto físico, los desaciertos y los problemas laborales o familiares de la mujer. Puede que estas pasen casi inadvertidas porque si ella se pone seria, probablemente él se muestre cariñoso y le diga “no seas boba” o algo así.
Pero, atención, si la compara con personas y cosas que resultan feas o desagradables, exalta a otras mujeres en detrimento de ella o se ríe de sus fracasos, no solo la irrespeta, también la humilla. Y sabe que está dañando su autoestima.
El chantaje: esta puede ser una manera de ejercer presión que causa mucho estrés e incluso sufrimiento. Hay hombres que para lograr la conducta que desean en su pareja, la ponen en situaciones difíciles y les ofrecen como una solución rápida para salir de ese escollo, que hagan justo lo que él exige.
Recuerdo el testimonio de una joven que recibió una suma de dinero de su marido como regalo para que adquiriera artículos de primera necesidad. Tiempo después rompieron la relación y él la perseguía para exigir que le devolviera el dinero. Para ella resultaba casi imposible entregarle todo de una sola vez, y esa situación se tornó una pesadilla en la que no faltaban las amenazas y los insultos.
Ante la desesperación de la joven, que le propuso pagar a plazos la deuda, él se negaba y presionaba más. Sin embargo, ofrecía una solución fácil: olvidaría el asunto si ella aceptaba reconciliarse y retomar la vida juntos.
Pero el chantaje también puede hacer parecer a la verdadera víctima como victimaria. Sí porque existen casos en los que el hombre amenaza con hacerse daño a sí mismo si ella no adopta determinada conducta. También es común que el chantaje se disfrace de preocupación por otros miembros de la familia. Amenazar a la madre con represalias como privar a los hijos de bienes materiales, alimentos y otros recursos que antes él proveía, y culpabilizarla por las dificultades que esto pueda acarrear, también es una manera de ejercer presión para lograr sumisión y disuadirla de las decisiones que quiere tomar.
Si usted, estimada lectora, ha sufrido alguna de estas formas de maltrato, tenga mucho cuidado, pues el abuso es un círculo vicioso: una espiral en la que siempre encontrará agresiones más evidentes y mayores, conforme pase el tiempo.
Poner la violencia contra la mujer sobre el tapete y llevar el tema al debate público no obedece a un impulso estúpido por satanizar a los hombres, sino a la necesidad de lograr personas informadas, relaciones de pareja más equitativas y familias más felices. No se trata de feminismo agresivo ni de mostrar a los hombres como seres violentos, sino de señalar qué conductas limitan, denigran y menoscaban el pleno desarrollo de las féminas.
Una realidad que no podemos olvidar es que en Cuba durante siglos ser mujer significó ser propiedad de un hombre. Las féminas pasaban de la autoridad del padre a la autoridad del marido, y aunque el siglo XX marcó una ruptura de patrones patriarcales y las mujeres se abrieron paso en el desarrollo social y hoy muchas son políticas, ejecutivas y profesionales, todavía priman esquemas machistas que perpetúan costumbres y conceptos lesivos a la dignidad, a la salud mental y física y a la autonomía de la mujer.
Para buscar más información, ayuda o protección -si estás siendo violentada de alguna manera- puedes ir a la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia (FMC) de tu localidad; o puedes ir al servicio de salud mental de tu comunidad. Además, en caso de que necesites denunciar una agresión puedes acudir a la Policía Nacional Revolucionaria o a la Fiscalía Municipal.

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