Son 55 años de constante aportar de la Federación de Mujeres Cubanas, de luz y perfume a la vida, de ser raíz y coraza en Cuba.
Cada año el paso de la federada se hace sentir más en la isla y, en particular, en Palma Soriano no importan edades, razas, credos.
Ella junto a todos los miembros de la comunidad complementan esas energías de las que la patria se alimenta para continuar el camino escogido desde 1959. En cada jardín de Cuba hay una flor llamada mujer, porque sin ella, como dijo Martí, la vida puede morir.
Donde el latido necesario y perceptible le llame ahí está dispuesta la mujer irradiando delicadeza, belleza, amor y fortaleza. Bajo el ejemplo de Mariana, Celia, Vilma ellas se multiplican en la cotidianidad.
En el campo o la ciudad, en unas delegaciones más que en otras el aporte de la mujer es notable a pesar de las no pocas metas que aún les quedan por delante y de las imperfecciones que todavía caracterizan a la organización que las agrupa.
Son 55 agostos de entrega sin límite que han puesto a prueba una, y otra vez, la capacidad de sacrificio en las féminas. Ninguna dificultad le ha impedido a la mujer cubana seguir soñando ni mucho menos continuar defendiendo las alegrías y sonrisas del futuro.