Aún con las dudas sobre una posible reelección al frente de la Casa Blanca, el magnate Donald Trump, de 72 años mueve sus cartas de cara a los comicios de noviembre del 2020, y lo hace arremetiendo contra Cuba.
Si antes pudo parecer una incertidumbre, a partir del 2 de mayo se convertirá en una gran verdad la aplicación del repudiado título III de la Ley Helms-Burton, lo cual está siendo catalogado como una maniobra suya para congraciarse con la mafia cubanoamericana de Miami y de esa forma garantizar una posible victoria electoral en la Florida.
Pues ese estado es uno de los conocidos como “pendulares o bisagras”, en el que no se tiene bien claro por quién se inclinarán los votos electorales, a pesar de que tradicionalmente allí vencen los republicanos. Vale recordar que en 2012 el demócrata Barack Obama triunfó en ese lugar con un discreto 0,9% de diferencia respecto a su contendiente Mitt Romney.
Por eso y porque si se analiza la población de Florida, con una fuerte presencia de hispanos, entre estos, centroamericanos a los que Donald Trump les ha hecho la guerra en repetidas ocasiones a partir del levantamiento del muro en la frontera con México y el recrudecimiento de la política migratoria; así como la vigente crisis económica de Puerto Rico, luego del huracán María; entonces podríamos decir en buen cubano que “la jugada -al menos para él- está apretada”.
Aunque siempre es bueno considerar lo enrevesado del sistema electoral norteamericano, pues, cuando el ciudadano común con derecho al voto deposita su boleta en la urna, independientemente de decidir un candidato específico, más bien marca la tendencia por la cual se debe guiar el colegio electoral y sus delegados, quienes al final tienen “la voz y el voto”. Actualmente el estado de la Florida reúne unos 29 votos electorales -de los más numerosos en toda la Unión-, y esa es una de las causas por lo cual se le confiere gran importancia en unas elecciones.
También se debe tener en cuenta que en ese sitio se ubica uno de los mayores enclaves de cubanos emigrados, que reúne a descendientes -algunos aún con poder- de los ex dueños de fábricas, ingenios azucareros y compañías importantes de este país antes del triunfo revolucionario de enero, los cuales en aquel entonces pensaron regresar a Cuba porque para ellos la Revolución de Fidel Castro era solo una revuelta que duraría poco tiempo.
Luego de 60 años sus aspiraciones no han cambiado mucho y encuentran ahora en este presidente la punta de lanza para el cambio, el supuesto “hombre fuerte” que asumió como lema de campaña en 2016 la frase “Make America Great Again” (Haz que América sea grande otra vez), y devolver a Cuba o a Nicaragua y Venezuela a la “democracia” al estilo de Washington.
Por eso en medio de la incertidumbre y con un conteo regresivo que tendrá fin en noviembre del año que viene, Donald Trump se mueve para asegurarse la prolongación en la silla presidencial, pues sería vergonzoso para el supuesto “hombre fuerte” no igualarse al período de mandato de sus más recientes antecesores. La Helms- Burton es solo una cortina de humo.