Dicen que los niños, los jóvenes, se parecen a sus tiempos, y que la educación de hoy es superior a la de hace algunos años, teniendo en cuenta los métodos y medios educativos a los que la generación actual tiene acceso, dígase computadoras, Internet, programa Educa a tu Hijo, entre otros de gran importancia para el desarrollo y aprendizaje de nuestros futuros profesionales.
Sin embargo, a juicio de esta reportera y algunos entrevistados, la Cuba actual, tiene que esforzarse por rescatar en los nuevos pinos un poco de obediencia, disciplina, principalmente en el ámbito familiar.
Nos referimos al respeto a los padres, a los mayores y no estamos hablando de sumisión ni de manipulación, mucho menos de ser
marionetas ni de nuestros progenitores, sino de encontrar la manera, el espacio para reclamar, indagar o exigir respuestas a los adultos.
No todos son iguales, y no todos son tan atrevidos, pero en la actualidad se observa - en demasía me arriesgo a afirmar- que los
hijos desmienten a los padres en público; intervienen en las conversaciones de los adultos sin ser invitados, y muchas veces somos testigos de disputas entre padres e hijos que parecieran par de amigas o amigos de la misma edad.
Estamos orgullosos de que sean analíticos, que tomen partido cuando es necesario, que estén a la vanguardia, continuadores de la rebeldía de nuestros próceres, de nuestros héroes...pero no confundamos los términos. Estas líneas se basan en lo que hemos perdido y deberíamos rescatar y como escuché en un programa del profesor Calviño, a veces una palmada a tiempo...
Poco después de los dos años nuestros nenes inician y terminan el día con la frase por qué esto y por qué aquello; comienza entonces una etapa de respuestas y explicaciones que no tienen fin, y es lógico no solo porque con la edad comienzan las dudas, la curiosidad, un mundo que se muestra para ellos “de colores”; nuestros niños y jóvenes viven en un mundo mucho más desarrollado que los motiva a aprender, a estudiar, a indagar.
Pero no podemos confundir lo normal, con la mala educación, la malcriadez, malos hábitos y costumbres inapropiados.
Hoy casi ninguna mujer tiene más de dos hijos, hace algunos años con ese número, solo estaban comenzando a formar una familia y no existían los círculos infantiles y algunos ni a la escuela iban.
En la actualidad, los adultos se desesperan porque el fin de semana pase rápido y llegue el ansiado lunes cuando los más jóvenes estarán de regreso a los centros educativos.
“Se portan muy mal”, “Es insoportable cuando están el día entero en la casa”, “me hace pasar pena en la calle”; son algunas de las
expresiones que se escuchan por estos días.
Surge entonces una interrogante: ¿qué está fallando? ¿Serán los niños y niñas, o serán los métodos educativos empleados en casa? ¿Qué será?
No incluyo las escuelas porque allí, hasta el más inquieto, se comporta adecuadamente.
Comentábamos entonces que, en el pasado, todo era diferente, tal vez las prácticas no eran las más formativas, y tal vez lo que algunos llaman respeto o disciplina, no era más que miedo, pero algo si es cierto, los mayores hablaban menos y los menores obedecían más.
Hace 40 años atrás, los infantes intervenían en la conversación de los adultos una sola vez, pues por alguna razón, con una sola mirada de los padres, nunca más sucedía; ahora algunos niños y jóvenes, suelen desmentir a un mayor, contestan con irrespeto, y aunque hoy continúa siendo una falta de respeto, una mala educación, sucede con mayor frecuencia.
El tuteo es muy común para muchos, la palabra “usted” está como pasada de moda, ahora se estila decir el tío o la tía, o sencillamente tú.
¿Qué feo verdad?
Decía Fidel que Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado... y este concepto debe asumirse en todos los espacios. Analicemos qué está fallando y erradiquemos estos malos hábitos, si pueden denominarse así, pues sin darnos cuenta, están formando parte de la cultura del cubano y no debemos permitirlo.