Un oficio de Quijotes

Categoría: Opinión
Escrito por María de Jesús Chávez Vilorio / Imagen: Internet
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ser periodista“El periodismo es el mejor oficio del mundo”, dijo una vez Gabriel García Márquez. “Es una maravillosa escuela de vida", admitiría nuestro Alejo Carpentier. Hace seis años entré a esta carrera y puedo decir que he aprendido muchas cosas que se resumen a una sola: si una persona sueña con estar en paz con Dios y con el Diablo, o sea, practicar ese perfecto equilibrio de nunca molestar a nadie, no debería seguir esta profesión.


Mi padre, que me conoce, me decía en la infancia: “tú mejor no seas ni periodista ni abogada”. Años después le hice el caso del mundo y aquí estoy, en el semanario de mi provincia, haciendo de las mías. Porque desde el primer año supe que terminaría en la prensa escrita. No sé, intuición.
Y es verdad que no se queda bien con nadie. Y a veces habrá que chocar contra molinos de viento, mentalidades incapaces de entender o aceptar los cambios en el mundo. Pero el periodismo es luchar contra cada uno de esos molinos. El camino del periodista está lleno de tensiones.
Durante los últimos 25 años, algunas estadísticas declaran que han sido más de 2 300 periodistas y reporteros los que han fallecido en el ejercicio de su profesión. Ya sea en zonas de guerra o por denunciar corrupciones e ilegalidades en países con aparente paz. Otra advertencia: estudiar esta carrera después de ver películas como Watergate (caso real) o El informe Pelícano (puro Hollywood), y creer de veras que esa aventura del periodismo de investigación, rompedor, secretísimo, trabajo hercúleo para personas con la astucia de un James Bond es el pan nuestro de cada día... es como estudiar Arqueología creyendo a pie juntillas en las películas de Indiana Jones.
Por todas esas razones, en segundo año intenté huir. No lo voy a negar ni esconder, me puse a buscar algo más de qué graduarme. No me sentía completa ni realizada. Pero las segundas oportunidades son de personas nobles... eso, y que nada más me complacía. Así que me quedé, aquí estoy, y no me arrepiento.
Porque aprendí que el salario es importante, pero más importante es hacer algo con lo que te sientas feliz. Que el sentido común está sobrevalorado. Que el día a día en la redacción es más que los quince minutos de fama de una investigación genial. Que hay que buscarse un nombre, un estilo. Que para ser buen periodista hay que ser buen ser humano.
Ahora vivo con dolor en la cervical y los ojos agotados por las horas de computadora, porque cada día intento escribir algo que tenga mi firma en cada palabra y sea distinto. Es cierto hay días muy poco productivos porque la musa no baja o porque pareciera que no ocurre nada de lo que hablar, y otros en que varias coberturas diarias te agotan totalmente.
Hay fines de semana en que llegas a la casa después de una semana laboral intensa pero sucede algo, y la noticia no va a esperar por ti.
Pero en mi primera Jornada de la Prensa Cubana como profesional de la palabra oportuna, la síntesis y el ejercicio de la verdad puedo decir, con la mano en el corazón, que a pesar de todo, no me arrepiento de estar aquí.

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