Hay valores que no se pueden perder, y uno de estos es la sensibilidad. Yo estaba en una guagua de la ruta 101 que va para Micro 3, repleta de personas como es de costumbre. Todos los asientos para personas impedidas y embarazadas estaban llenos; en una de las paradas se subió una mujer con un niño de meses en brazos, una anciana le dijo a un hombre que estaba sentado que le diera el asiento a la muchacha, el hombre en muy mala forma dijo: Ese hijo no es mío.
Cómo es posible que existan personas con tanta insensibilidad al punto de decir esto; pensé en ese momento, este hombre no tendrá madre o hijas; al final tuvo que pararse una mujer y darle el asiento a la madre con su hijo ya agotado por el fuerte sol. Esta acción me impactó, por la expresión tan brutal. Algunas veces he visto, cómo hombres viran la cara cuando sube alguna embarazada al ómnibus, pero como esta, ninguna.
Desde pequeños nos inculcan valores tanto en la casa como en la escuela que son para toda la vida y nunca podemos perder, además de esos buenos sentimientos que son parte nuestra, tener buen o mal corazón ya es otro punto, pero no me imaginaba que una persona llegara a eso.
Todos los seres humanos nacemos de una mujer, deberíamos reflexionar que si fuera su madre no le gustaría que no le dieran el asiento en una guagua o quizás a alguna hija suya. Sabemos que estamos preocupados con nuestros propios problemas o agotados de una larga jornada laboral, pero que la falta de humanismo no llegue a tanto.
Si los 6 asientos amarillos que tiene una guagua, específicamente para las personas discapacitadas y mujeres embarazadas o con niños están ocupados por estas, pues entonces hay que acudir a la buena conciencia y brindarle, sin siquiera pedirlo, el puesto a alguien que lo necesite. No tiene que ser su hijo para pararse y con cortesía ofrecer el asiento. Siempre debemos poner el respeto a los demás, por delante del amor propio.
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