Cuando un árbol nace torcido…

Categoría: Opinión
Escrito por Olga Thaureaux Puertas
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arbolEra una niña pequeña, de unos cinco o seis años, tenía fiebre, y según el protocolo de Salud Pública, debido a la situación epidemiológica actual, ante este u otros síntomas, los pacientes deben ser aislados.

La menor le insistía al médico que no la ingresara que ya ella no tenía fiebre y se sentía bien. La madre, aparentemente tranquila, le dijo: “dale, que nos vamos para la yuma”. La anécdota no es ficción, ocurrió en Santiago de Cuba.

Cuando una amiga, que fue testigo, me sugirió escribir sobre el tema, reflexioné en el enfoque del texto y cómo trasmitir a los lectores todo lo que pensé sobre este “simple” incidente sin que fuera considerado un “teque” o sin implicaciones o aspiraciones meramente  políticas, en el sentido más amplio de la palabra.

Yuma, según la Real Academia de la Lengua no tiene otra definición que no sea una ciudad de Estados Unidos. Pero no me mal interpreten, pues cada quien tiene derecho de escoger dónde hacer su vida, sea en el norte, el sur…en cualquier lugar del mundo, siempre guiados por las normas migratorias vigentes.

El análisis es que  no creo que ese sea el trato ni la educación que deba recibir un menor de edad de parte de su progenitora. En esa actitud aprecio rasgos de inmadurez, debilidad de carácter, falta de cultura, de educación. Viéndolo en otro sentido, hasta de violación de los derechos del niño (en este caso de la niña) pues los adultos no debemos mentirle bajo ninguna circunstancia.

Cierto es que a nadie le gusta estar ingresado, pero la madre debió apreciar -y así explicarle a su hija- que con ese “viaje”, no a la Yuma, sino a una institución de salud o de campaña creada al efecto para la observación de los pacientes, estaban cuidando la vida de la niña y de quienes la rodean; que es un servicio gratuito, desde la transportación, ingreso, medicamentos, avituallamiento, alimentación (la cual se sabe que no es como la de casa, pero la tienen) hasta el seguimiento médico por el o los especialistas que necesite.

Los padres, la familia en sentido general, debemos percatarnos de que la educación y valores que sepamos inculcarles a nuestros hijos, son los que ellos mostrarán durante su vida y a su vez trasmitirlos de generación en generación.

Educar con valores significa conducir a los hijos en el proceso de educación personal sobre su propia identidad y sobre los horizontes y metas que buscan para su felicidad. Cierto es que una vez adultos escogen la profesión, la pareja o el camino que desean, pero es importante que en la niñez y la adolescencia reciban la guía familiar adecuada y sensata.

No pretendo dar fórmulas perfectas de crianza porque no las hay ni mucho menos imponer criterios, pues “el Estado -artículo 54 de la nueva Constitución- reconoce, respeta y garantiza a las personas la libertad de pensamiento, conciencia y expresión”, pero por favor, padres, familia, no olvidemos que “árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza”.

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