Que nada es perfecto, es una verdad de Perogrullo, pero que todo puede ser perfectible, también es una realidad que deberíamos aplicar cuando percibimos que las cosas no van bien.
No es tan difícil, solo cuestión de proponérnoslo, de no caer en el marasmo; o lo peor, creer que esto o aquello no es asunto nuestro y por tanto 'que lo resuelva otro'.
Cuánto pudiera cambiarse sin requerir de muchos recursos o esfuerzos. Organismos, instituciones, empresas, deben mirarse por dentro para transformar su entorno, embellecer sus locales, optimizar recursos, formar a su personal, y ofertar -de múltiples maneras- un producto o servicio de calidad, que se parezca más a lo que aspira y merece el pueblo trabajador.
Dice un viejo refrán que vista hace fe, por eso si al llegar a un lugar la primera impresión no es la mejor o el ambiente no es sano, nos hacemos conjeturas, quizás falsas, pero que marcan precedentes.
Seguro le ha pasado: entidades o locales de oficinas feos, oscuros, deteriorados; recepcionistas o secretarias desinformadas, groseras, con cara de pocos amigos; dependientes malhumorados, directivos que apenas escuchan y no miran a los ojos; trabajadores déspotas, engreídos o enajenados con sus celulares...
Sobran ejemplos, un sinnúmero de hechos pasan a la vista de todos y hasta pudieran parecer normales; sin embargo, dan una imagen negativa, que desmotiva, descontenta y hasta provoca que cuando se opine paguen justos por pecadores.
Por suerte también hay mucha gente buena y abnegada apostando para sacar adelante su centro laboral, su ciudad; cambiar su entorno, colorear lo feo, combatir lo mal hecho y así garantizar que la labor cotidiana sea óptima.
Santiago hoy es un crisol -esa es otra verdad- pero no basta con hacer y hacer más, si lo que tenemos no siempre es cuidado con esmero. Se precisa que este pueblo cambie en su actuar cotidiano, que el comportamiento ciudadano sea también motivo de elogio; habrá que resaltar y estimular los mejores ejemplos para incitar a otros; habrá que salirles al paso a los oportunistas, y cuestionar las decisiones arbitrarias que obstaculicen el desarrollo, la prosperidad. Se avecina la conmemoración del 60 aniversario del Triunfo de la Revolución y los santiagueros tendremos el privilegio de celebrar en casa por historia y por resultados; entonces, hay que trabajar y trabajar duro. Hay que soñar con un futuro mejor, donde prevalezca la modernidad, la tecnología, pero también donde reinen los valores, el decoro, el respeto al derecho ajeno.
No podemos cansarnos Les propongo reflexionar sobre situaciones que a su alrededor merecen una mirada urgente y rápida respuesta. Males con cura.