Imagine que conoce a una persona súperatractiva, que le encanta... Puede ser que hayan salido varias veces juntos o que lo conozca desde hace unas horas, lo importante es que usted desea tener sexo con él o ella.
Esta es una situación más común de lo que muchos imaginan y cualquiera de nosotros, sin importar la edad, podemos ser protagonistas. Pero la cuestión es que usted no sabe cuántas parejas sexuales ha tenido ese “alguien” y no quiere arriesgarse a enfermar, ¿qué hacer entonces?
Se erige entonces como la alternativa más segura el uso del superhéroe de látex: el preservativo o condón; que aunque en ocasiones se pierde de nuestras farmacias, en lo que va de este 2018, su existencia y comercialización se ha mantenido estable y con una alta demanda.
Sin embargo, hay quienes siempre encuentran una excusa para no utilizarlo, aún a sabiendas del peligro que corren. Es que el condón ofrece la única posibilidad de doble protección: ante los embarazos no deseados y para evitar las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), entre las que se incluye el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), que causa el Sida y que ha sido capaz de provocar la muerte en millones de personas a nivel mundial año tras año.
“¿No confías en mí?”; “con preservativo no se siente igual”; “estoy tomando pastillas anticonceptivas, no necesitamos usarlo”; “ponerse el condón interrumpe la pasión”; “¿es que no me amas?”; “vamos a probar, será solo por esta vez”; “no mantengo la erección cuando lo utilizo”; “para qué el condón si hasta hoy no lo hemos usado”; “¿acaso me estás engañando?”...
Son estas algunas de las excusas más comunes que ponen hombres y mujeres cuando pretenden evitar la protección; y si bien es cierto que la efectividad del preservativo depende de la experiencia y habilidad de quien lo utiliza, su uso es decisión de la pareja; por lo que negociarlo a veces se vuelve motivo de discrepancias.
La palabra negociar implica un convenio, un acuerdo, y por tanto ganancia mutua. No se trata solo de plantear nuestro punto de vista, sino más bien de encontrar de conjunto los beneficios para la salud individual y de la pareja, y para el desarrollo placentero de la relación íntima.
Hablar directamente, tener claridad en los riesgos del “no uso”, conocer por qué la pareja no quiere usarlo, proponerlo como parte del juego erótico previo, y llevar siempre un condón consigo, son estrategias para el éxito de la negociación; así como tener la suficiente determinación para negarnos a una relación sexual desprotegida.
Y es que no se trata de desconfianza, porque las personas pueden estar infectadas sin saberlo... son innumerables las ITS que no presentan síntomas por un largo período; y el amor se demuestra mejor cuando cuidamos al otro.
El inicio de relaciones sexuales a edades tempranas, la creencia de que “a nosotros no nos va a pasar”, la presión externa (del grupo, quizás), y a veces la inmadurez, nos hacen más susceptibles; y la abstinencia en los tiempos que corren, está casi descartada... por eso, la mejor alternativa es el condón.
Por un lado, hay que cambiar la manera en la que percibimos nuestra sexualidad, que es mucho más que el simple acto sexual; además las justificaciones son solo eso, y en definitiva lo que hacen es poner en riesgo nuestra vida y nuestro futuro; ¿vale la pena arriesgar tanto por no ceder a utilizar un dispositivo, que tarda pocos segundos en colocar?
Ya existen incluso hasta condones femeninos..., ahora mismo no son muy frecuentes, pero la ciencia está haciendo su parte para que no dependa solo de los hombres. Aprender a negociar el uso del preservativo puede significar la diferencia entre la salud y la enfermedad, el placer y la aversión, el amor y la desilusión.