Compartir: Difícil y hermoso

Categoría: Opinión
Escrito por INDIRA FERRER ALONSO
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compartir

Cuba se caracteriza por ser solidaria. Esa voluntad de ser útil a los demás sin esperar nada a cambio caracteriza a la mayoría de los cubanos. Sin embargo, en días recientes alguien me alertó de que los tiempos no están para regalar ni para ofrecer,  y que si no me voy a ganar un peso, tampoco haga favores.

Me dijeron que la vida estaba difícil para todo el mundo, y que cada cual se las arreglara como pudiera.

Yo me quedo pensando adónde vamos a parar si de pronto todos comenzamos a pensar de ese modo; si se nos seca tanto el corazón que seamos capaces de ver la necesidad ajena y aun teniendo la posibilidad de contribuir a que otros estén bien, nos cruzamos de brazos para no perder lo que poseemos, eso que poco o mucho, nos ha costado sacrificio y por tanto, supuestamente no merece nadie más.

Es verdad que hay quienes no pueden solucionar sus problemas económicos por medio del salario y se las inventan para ganar un dinerito más aprovechando cualquier habilidad: desde hacer turrones hasta arreglar electrodomésticos; miles de cubanos viven así; y hasta cierto punto es comprensible que a veces les resulte difícil desprenderse de sus recursos para favorecer a otras personas.

Sin embargo, compartir con otros lo que tenemos no es una práctica obsoleta y mustia. La capacidad de ponerse en el lugar del otro y no aferrarse a lo material, nos hace más humanos; y nos da la oportunidad de hacer mejor la vida de los demás, tal y como quisiéramos que nos hicieran mejor la nuestra.

Cuando contribuimos a paliar o a resolver la situación difícil de un vecino, de un amigo, de un pariente, o incluso de un desconocido, sembramos una semilla de solidaridad, y no importa cuánto tiempo pase, siempre llega el día de cosechar los frutos de esa entrega. Usted tendrá sus propias experiencias al respecto, y puede que no coincida plenamente con estas líneas, pero al compartir lo que se tiene, está dando mucho más que un objeto, un alimento o un servicio. La mayoría de las veces, el efecto de compartir genera tranquilidad, alivia el estrés, la ansiedad o posiblemente la tristeza de otro ser humano, que tal vez se siente impotente ante una necesidad.

Uno no ayuda para recibir algo a cambio; la recompensa está en el placer de hacerlo de corazón, en sacar del atolladero a alguien sencillamente porque es una persona y porque merece la pena vivir para ser útiles… un hombre de otro siglo lo dijo genialmente en la revista para niños La Edad de Oro: “Se es bueno porque sí y porque allá adentro se siente como un gusto cuando se ha hecho algún bien.”

 Yo quiero vivir hasta mi último minuto creyendo en esas palabras, pues he sabido del gusto que mencionaba Martí, y no renuncio a creer en la capacidad de querer a los demás, de pensar en los demás, de ayudar sin ensuciar mis sentimientos con mezquindades. No hay mayor pobreza que la que se lleva dentro; ni riqueza más abundante que la atesorada en forma de sentimientos; recibir es grato y todos estamos preparados para hacerlo; lo difícil y hermoso es poder dar… esa es una bendición

 

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