Santiago de Cuba es un referente para todo el país. Si nos montamos en la máquina del tiempo y regresamos a los años 2011 y 2012, el territorio comenzaba a levantarse, se reabrieron centros de prestación de servicios que estaban cerrados hacía muchos años. La imagen iba cambiando para bien.
Hasta que llegó el huracán Sandy, destruyendo lo que se había logrado, trayendo consigo lágrimas, dolor y pérdidas. Muchos pensamos que pasarían años para devolverle su esplendor a la ciudad, fueron muy largas las jornadas de trabajo intenso, algunos empataban una día con otro y como dijo Cándido Fabré en el estribillo de la canción que dedicó la recuperación..."lo vamos a levantar..." y lo levantamos.
Hoy nos sentimos orgullosos de los logros y éxitos; esta urbe invita a visitarla, por su historia, su cultura, su gente hospitalaria, heroica y rebelde, un lugar donde siempre hay alguien presto a brindar su mano amiga; donde se baila con una lata y un palo hasta que amanece y donde mejor suenan la corneta china y los tambores de la conga santiaguera.
Tierra de hombres laboriosos y comprometidos con su tiempo y con el General de Ejército Raúl Castro, quien nos llamó a hacer de Santiago una ciudad limpia, organizada y disciplinada, por lo que debemos seguir trabajando para eliminar males que aún afloran en nuestra sociedad.
Por lo que en el territorio, al igual que el proyecto Santiago Arde que hoy recoge sus frutos, también se encendió la antorcha incineradora para quemar todo aquello que nos afecta como la falta de educación formal, el irrespeto al derecho ajeno, el maltrato a la propiedad social, el robo, la corrupción, la violación de normas de convivencia.
Para lograr que esa antorcha incineradora triunfe como su homóloga del Santiago Arde, hay que potenciar las buenas actitudes y aptitudes, e ir al rescate de costumbres que existieron y por las condiciones objetivas y subjetivas por las que ha ido atravesando el país se han ido perdiendo e inciden negativamente en la sociedad.
Hay que tratar de recuperar el gusto por el buen vestir, usar adecuadamente el uniforme escolar, eliminar palabras obscenas en plena calle y delante de cualquiera.