
Una casa nueva puede significar libertad, armonía, seguridad, esperanza o dignidad; todo depende de las circunstancias. Poseer un lugar propio donde vivir, en el que cada miembro de la familia tenga su espacio sin dañar la privacidad ni el confort de los otros, es el sueño de mucha gente en Cuba.
La insuficiente cantidad de viviendas y el deterioro de buena parte de las existentes, es uno de los problemas más acuciantes y añejos de esta sociedad.
Las razones son múltiples: la decadencia progresiva de un gran número de inmuebles debido a su antigüedad, sobre todo en el casco histórico de la mayoría de las ciudades; las afectaciones al fondo habitacional por eventos meteorológicos; y la situación socioeconómica de no pocas familias que no pueden solventar la construcción de una casa por esfuerzos propios; entre otros, son parte de la realidad cubana.
Sin embargo, la edificación y reparación de viviendas es un asunto prioritario, y -si bien en los procesos institucionales para la venta de materiales de construcción median no pocas dificultades organizativas, que en ocasiones dan espacio a la corrupción y los actos delictivos- en la última década se han aplicado nuevas políticas encaminadas a solucionar en lo posible la necesidad habitacional de decenas de miles de personas. Santiago de Cuba, la segunda provincia del país, es un exponente de lo que se hace en la Isla por mejorar en este tema.
Durante el último lustro, este territorio ha dirigido sus esfuerzos a resarcir los daños que el huracán Sandy ocasionara al fondo habitacional en octubre de 2012. Con un saldo de 15 889 casas parcialmente afectadas y 171 380 destruidas, el meteoro agudizó un problema al que el gobierno respondió con un programa para la rehabilitación de inmuebles que incluyó la bonificación de los precios de los materiales y el otorgamiento de créditos bancarios para solventar las obras, o de subsidios a quienes no pudieran asumir los gastos; a la vez que planificó un ambicioso proyecto para la construcción de más de 29 000 destinadas a los damnificados y a quienes habitaban barrios precarios.
El reto era considerable desde el inicio, y sigue siéndolo. La necesidad de proporcionar a cada familia una vivienda digna, ya con patrocinio estatal o por recursos propios, obligó a transformar las capacidades constructivas de esta provincia que, a mucho dar, podía erigir unas 1 400 casas al año.
Diversos sistemas constructivos se extendieron en distintos asentamientos: Forsa, Vhicoa, Cometal, pre-fabricado Gran Panel y Sandino, Cometal y Petrocasas se sumaron a la imagen urbana dando lugar a locales fuertes y confortables.
El informe más reciente de la Asamblea Provincial del Poder Popular, presentado durante la sesión del pasado 28 de mayo, registra que se han solucionado las afectaciones en la cubierta de 143 692 viviendas, o sea, el 84% de los casos. Actualmente se desarrolla un programa inversionista como parte del cual se erigen otras 2 494 casas que deben terminarse en este año.
Asimismo, la administración provincial prevé entregar más de 2 000 inmuebles, que si bien no se incluyen en los planificados para 2018, constituyen un paso de avance en el empeño de reducir un déficit de 101 200 locales, dado por crecimiento poblacional de Santiago de Cuba.
Esta iniciativa ya se materializa en la creación de nuevas comunidades en varios municipios y en las afueras de la ciudad, con la edificación de confortables viviendas de madera. En el Km 13
de la carretera de Mar Verde, por ejemplo, se construyeron 73 casas, Segundo Frente -el primer territorio que logró resarcir las afectaciones causadas por “Sandy” a la vivienda- cuenta con más de 80, y en Songo-La Maya se construyen más de 50 con el sistema constructivo Sandino.
Esta constituye una solución a los daños causados por fenómenos climatológicos y una manera de erradicar la precariedad en zonas del Plan Turquino.
Reparar y construir no son las únicas premisas para mejorar las condiciones de vida de las familias santiagueras. El último Censo de Población y Vivienda detectó más de 42 000 casas con pisos de tierra en esta provincia y la necesidad de eliminarlos paulatinamente suscitó un programa especial que ha beneficiado 16 901 hogares.
Otro proyecto que mucho se agradece es la adaptación de la Escuela Hermanos Marañón en el poblado de “El Caney”. La reutilización de este inmueble permitirá otorgar viviendas a ochenta y dos familias. Esta iniciativa no solo resolverá varios casos de derrumbes totales, además se espera que favorezca la estabilidad de la fuerza laboral en el sector agrícola de esta zona.
Como la mayoría de las obras de beneficio social que se acometen hoy en Santiago de Cuba, las relacionadas con el mejoramiento y ampliación del fondo habitacional se dedican al aniversario 65 del Asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
En La historia me absolverá Fidel señaló que entre las motivaciones para esa acción estaba acabar con la precariedad de los hogares de miles de familias en la Isla. En pocas semanas Santiago de Cuba conmemorará aquellos días de gesta con la satisfacción de continuar construyendo aquel sueño.