Mary es una joven como muchas en Cuba, de las que les gustan las fiestas y estar a la moda, de las que cambian con frecuencia su color de pelo. Tiene novio y muchas amistades, y es un poco remolona en ocasiones con las tareas del hogar.
Sin embargo, es respetuosa y asiste cada día a la Universidad de Ciencias Médicas, y si de estudiar se trata a veces hasta finalista, inmersa en las actividades culturales y deportivas de la escuela, como diría mi abuelo, ella está en misa y procesión.
Es una joven de estos tiempos, y de aquellos también, sueña con ser una buena pediatra o neonatóloga, quien defiende los principios de la Revolución, solo que hoy en vez de faldas largas muestra un poco más las piernas, y asiste a discotecas. Pero con el mismo ímpetu de Mariana, Celia, Haydée o Vilma.
Esta juventud, sin duda, sí se parece a sus ancestros, solo que son bisoños de “estos tiempos” de los que acuden a los trabajos voluntarios y luego tienen previsto un paseo a la playa, de los que se reúnen y debaten sobre ciencia, medio ambiente y tecnología, y están también pendientes a las publicaciones en twitter y facebook.
“Esta juventud está perdida…” así solemos escuchar en ocasiones, pero sí, tiene la mente “perdida” ideando nuevos planes y mejores planes educativos, inmersos en los planteamientos de sus asambleas de base, o en los pasillos de las grandes universidades, sumergidos en la tarea que deben cumplir como delegados a la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Nuestra juventud es como otras, como la de ayer y como la de mañana, la que impone sus criterios y lucha por un mundo mejor, solo que no puede quedarse estancada en el tiempo, y ahora en vez de lucir cabellos rizados, invierte en queratina, ahora no tiene necesidad de empuñar fusiles, ahora lleva lápices y libretas, ahora alza su voz por un mundo mejor.
¿Y por eso está perdida? Perdida sí, en los pasillos de hospitales del otro lado del mundo, salvando vidas y enseñando a leer y a escribir, perdida en laboratorios encontrando una nueva vacuna para prevenir enfermedades.
Nuestras universidades, nuestras escuelas están llenas de jóvenes, y si bien es cierto que queda un largo camino por andar, por mejorar, por motivar a algunos, también lo es el hecho de que nuestros campos están llenos de bisoños bajo el sol, produciendo y orgullosos.
Nuestros centros de trabajo son un manantial de frescura, y en muchos casos dirigidos por esos que no rebasan los 30 años, económicos, informáticos, maestros, abogados, periodistas… porque sin lugar a duda, nuestra juventud es Cuba, y por ella seguimos luchando.