Si pensáramos a todos los seres humanos como una gran familia, el mundo, sin duda, sería un lugar mejor. Una familia como cualquiera: donde varían las generaciones, existen peleas y discusiones, porque la convivencia es siempre difícil –a veces hasta con uno mismo-; pero donde prime al amor, la comprensión, la comunicación, y donde se respeten los derechos de cada miembro.
Y si hablamos de derechos, dentro de esa gran familia, los ciudadanos cubanos podemos decir que somos privilegiados. La libertad, la justicia y la paz, los más importantes e imprescindibles a todo ser viviente, al menos en nuestro país, son derechos conquistados…
Aquí, en este pedacito de tierra todos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos. Sin distinción alguna de raza, sexo, religión, posición económica u otra condición, tenemos acceso a la vida, a la salud y a la educación sin costo alguno…
Baste mencionar a la pareja que no ha podido tener hijos y se somete a tratamientos de fertilidad; o al obrero que en horarios nocturnos acude a un centro escolar para obtener el duodécimo grado; o al niño que puede correr y jugar en plazas y parques, sin miedo a ser secuestrado…
Los ejemplos son múltiples y disímiles. Por eso podemos decir que Cuba es un país de derechos, de justicia, de equidad, de seguridad; y que a pesar de nuestros problemas económicos y de convivencia, formamos una gran familia armoniosa, humilde, y sobre todo, muy unida.
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