
Por estos días los cubanos estamos de celebración. Conmemoramos el Día de la Cultura Nacional, una fecha de importancia en el territorio, porque en el año 1868, un 20 de octubre se cantó por primera vez nuestro Himno Nacional, escrito por el abogado Pedro Figueredo, Perucho.
Es una efeméride que marca definitivamente el nacimiento de una nación rebelde y de su identidad, pues las fervientes notas del Himno de Bayamo, desde entonces presidieron todos los actos del movimiento independentista cubano, y pasado el tiempo, trascendió hasta la actualidad como símbolo de la Patria y expresión concreta del carácter patriótico de nuestro pueblo.
Estamos celebrando la esencia de nuestras raíces. Y es que la cultura es la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y de vivir; por eso hablar de la cultura cubana siempre será un tema difícil; cada cual tiene su propia definición y también, su propia manera de interpretarla.
Somos una combinación de América, Europa y África. Es así que nos distingue el mestizaje en todos los sentidos de nuestras vidas. Bromistas, risueños, bulliciosos, amantes de la pelota, de la buena música, del baile y de las fiestas populares, así somos los cubanos.
Nuestro carisma, esa alegría que corre por nuestras venas, la forma en que amamos este pedacito de tierra en medio del mar, y sobre todo ese afán de ayudar a todos, es una parte importante de nuestra cultura.
Los cubanos somos eso, estamos en los momentos difíciles de cualquier persona, damos aún sin que nos pidan, nos gusta trabajar para tener lo que necesitamos y cuando nos aferramos a una idea o una creencia somos firmes hasta la muerte.
El cubano es trabajador, inteligente, emprendedor, humano, también bailador, pero responsable y de buen carácter; en los momentos más complejos, siempre hay un chiste a flor de labios o una solución innovadora a una situación muy crítica.
La cultura de Cuba es conocida en todo el mundo especialmente por su música, un elemento importante de nuestra sociedad, y los estilos tradicionales siguen siendo populares e influyentes.
El danzón es nuestro baile nacional y aunque suma ya muchísimos años, se trabaja por continuar su rescate y ponerlo a la altura de otros ritmos más actuales como el son, la timba, la rumba, incluso el reguetón.
Para el mundo hay otros detalles de nuestra cultura que son prácticamente imprescindibles: aquí se produce el mejor tabaco y el mejor ron del mundo. Nuestras cálidas playas, el hermoso paisaje montañoso que rodea nuestras ciudades, la forma peculiar de hablar y de comunicarnos, y hasta nuestra manera de caminar, nos hace destacar en cualquier lugar del planeta.
No podemos olvidar la guayabera y la bata femenina, elegantísimas prendas de vestir que originalmente eran sólo de uso en las áreas rurales por nuestro campesinado; y que ahora resultan oportunas para las actividades de mayor renombre.
¿Y el sombrero de yarey?, accesorio imprescindible para quienes trabajan bajo el sol, históricamente empleado por los mambises en las guerras por la independencia de la nación.
Los festejos populares, los tradicionales carnavales de verano, cuyo origen se remonta a la época de la colonia; la gastronomía, resultado de la mezcla de tradiciones españolas, africanas, aborígenes, y hasta asiáticas: el ajiaco, el casabe, los buñuelos, tamales, tostones, el cerdo asado y el congrí, son destacables.
Y qué decir del café, la champola, el guarapo, nuestro prú oriental, el Cuba Libre, el Daiquirí, el mojito, la canchánchara... uf, y tantas otras bebidas sabrosas impregnadas con nuestro clima tropical y la inigualable caña de azúcar que crece en los campos cubanos.
La cultura cubana es y será siempre lo que somos, ni más ni menos; pero para entender eso es imprescindible saber de dónde venimos y cómo hemos llegado hasta aquí. Por eso otro rasgo del cubano es querer saberlo todo, aprender de su historia y sus orígenes.
Decir “yo soy cubano”, es hablar de los pregones, de la hospitalidad, la solidaridad, la risa, el baile, la música, los amigos... la Patria. Así lo resumió la escritora Daina Chaviano:
“Por las venas de Cuba no corre sangre, sino fuego: melodioso fuego que derrite texturas y obstáculos, que impide la mesura y, muchas veces, la reflexión. Pero así somos, y ése es nuestro mayor encanto y defecto: estamos hechos de música”.