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Un proceso refrendado por el pueblo

Categoría: Opinión
Escrito por Yuzdanis Vicet Gómez
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Elecciones Generales 2017 2018

A casi todos nos es familiar el término Democracia y su origen, pues en la escuela nos enseñaron que surgió en la antigua Grecia y que significa, autoridad del pueblo; es decir que el pueblo interviene en la dirección administrativa de la sociedad, que es el Gobierno.


Claro que de la época griega hasta acá mucho ha llovido y la trascendencia de aquel sistema de gobierno se fue diluyendo entre naciones antagónicas, intereses políticos y económicos, hoy solo queda en la mayoría de los casos, el término, pero el contenido es irreconocible; es común escuchar en los medios de prensa el apellido “democrático” en sistemas de gobiernos, partidos políticos e incluso en nombres de países, sin embargo la realidad llegado el momento de las elecciones, es otra.
Es cierto que en el modelo de democracia griega, solo votaban los considerados ciudadanos, pues no tenían derecho los esclavos, extranjeros y pobres. Lamentablemente hoy en muchas naciones estas limitaciones en vez de ser corregidas, se exacerban y se ponen en función de intereses políticos.
Lo que usted hace en su barrio al revisar el registro de electores y detectar si por error está omitido el nombre de un joven de 16 años recién cumplidos, o permanece algún que otro difunto, es único; pues en otros tiempos e incluso ahora en otros lugares del mundo la manipulación de esa información es la base de los fraudes electorales, hacer público los listados agrega transparencia al proceso cubano.
Otra acción común para los cubanos, pero de especial significado por lo que implica, es la realización a través del voto directo y público (a mano alzada) de la nominación de los candidatos a delegados a las asambleas municipales del Poder Popular, que dicho así no parece un alto rango, pero su percepción cambiará al conocer que el 50% de los delegados a las asambleas provinciales son elegidos en la base, e igual porcentaje de los diputados al Parlamento Cubano, lo que implica el acceso de esa persona que inició sus caminos en una circunscripción, hasta la instancia donde se decide el Consejo de Ministros.

Si continúa observando detalles sutiles de nuestro proceso electoral se podrá percatar de que el conteo de votos es público, usted o yo podemos solicitar presenciarlo y hacerlo, el resultado se comunica al instante, al hacerse pública esa información se elimina la posibilidad de fraude.
Al respecto Ricardo Alarcón de Quezada, en el volumen Cuba y su Democracia, publicado en el 2002 por la Editorial Ciencias Sociales, expresó: “Yo no conozco otros lugares en que ni el registro electoral sea público ni que sea público in situ el resultado de cada colegio electoral, que es una forma de acabar, de eliminar las posibilidades de fraude, de dar seguridad a la limpieza electoral”.
Un asunto aparte es el referido a la inexistencia de las campañas electorales, de lo que nos acusan esgrimiendo que limita la participación pública en la selección del mejor candidato, algo a lo que hace referencia el propio Alarcón de Quezada en el volumen antes citado; en cuanto al particular una cosa queda clara, lo que define la participación es la posibilidad de elegir a mano alzada y públicamente una propuesta en la base, con la posibilidad directa de refutar argumentos y proponer a otra persona.
Habría que analizar si es menos participativo nuestro método, que el comúnmente aplicado en otros sitios donde define el alcance de la campaña y la divulgación de los atributos del candidato, las finanzas de este para pagar el uso de los medios en función de sus intereses divulgativos, sin contar los enfrentamientos públicos y el uso de mensajes subliminales manipuladores de la psiquis, que aún prohibidos en la mayoría de los protocolos de campaña, siempre existe el margen que da la habilidad de uno u otro asesor de comunicación.
Muchos aspectos pueden particularizar el proceso electoral en Cuba y realzar su carácter democrático, incluso la comparación en busca de semejanzas y diferencias con otros, sin embargo, lo más importante es conocer bien el nuestro primero, para después entrar en comparaciones.
Las elecciones en Cuba se ganan la legitimidad, en la calidad de los votos, en la posibilidad de que todos los cubanos puedan elegir a sus nominados que los representarán hasta instancias parlamentarias públicamente, en el derecho a observar el conteo de votos y conocer sus resultados inmediatamente; por esas y muchas cualidades no necesitamos competir con nadie para legitimar nuestra democracia.

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