Tanto amor por Santiago

Categoría: Opinión
Escrito por INDIRA FERRER ALONSO y ANGELA SANTIESTEBAN BLANCO
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stgocubaHace algunos años le escuché decir a alguien que de Santiago había que enamorarse; y aquella decisión de hacerse novio de la ciudad y de su gente, aquella voluntad de echarse a los hombros los problemas del territorio y sacarlo adelante, me pareció tan admirable como difícil de materializar. Era la arenga para una tarea titánica en la voz de un auténtico soñador.

Luego vinieron tremendos desafíos: a una provincia que comenzaba a estabilizar y diversificar sus producciones; que  ofrecía nuevos servicios en la gastronomía, el comercio, el transporte y  las comunicaciones; que había recuperado sus noches culturales y centros nocturnos; que mejoraba la imagen del casco histórico de la urbe, se le vino encima el devastador huracán Sandy, con su terrible saldo de destrucción.

Aquel amor por Santiago, que una vez le escuché a un soñador, se concretó entonces en envío de recursos y gente de toda Cuba que nos quería ayudar. Dicen que los santiagueros llevamos en la sangre ese espíritu incansable de ser “Sísifos”, cargando cuesta arriba la pesada
roca cada vez que se nos cae; recuperándonos una y otra vez, tras cada golpe. Pero más que al semidiós griego, nos parecemos a Fidel, que era todo persistencia, y como nadie, se las arreglaba para convertir cada fracaso en triunfo.

Una prueba de eso es que casi tres años después de “Sandy”, esta ciudad celebraba sus 500 años exhibiendo los resultados de una admirable restauración del patrimonio inmobiliario, y la creación de nuevos espacios para el arte y la recreación popular en lugares céntricos.

A la sazón, se acometieron reparaciones en casi todos los hospitales de la provincia, se rehabilitaron escuelas y la ciudad cabecera continuó ampliando sus asentamientos con miles de viviendas nuevas y otras reconstruidas, como parte de la recuperación tras el paso del huracán.

Sin embargo, en medio de tanto quehacer, buena parte de las comunidades de la periferia parecían olvidadas. Si bien hemos visto con beneplácito cada mejora a los viales, inmuebles y servicios en las zonas céntricas de la ciudad, durante años muchos santiagueros quedamos con la insatisfacción de que el barrio continuaba estancado en la fealdad y la pobreza de sus ofertas.

El estado deplorable de varias calles y edificaciones, la precariedad de algunos servicios y la inexistencia de otros muy necesarios, componían el panorama cotidiano de no pocas comunidades.

Chicharrones, por ejemplo, es un consejo popular con más de 23 000 habitantes, cuyas opciones para la recreación sana y el disfrute de ofertas gastronómicas estatales de buena calidad, eran prácticamente nulas.

Por décadas su gente ha tenido que acudir a puntos distantes de la ciudad para comprar a mejor precio productos tan importantes como alimentos, confecciones y útiles del hogar, por mencionar algunos. Y ni soñar con la posibilidad de acceder a servicios de computación, mercados especializados o disfrutar de un helado o un buen parque infantil en familia, sin tener que salir de la comunidad.

Pero el mismo amor por Santiago, que ha inspirado la recuperación del territorio y su renovación para celebrar los 500, hizo posible la reconstrucción en pocos días de los inmuebles afectados por el incendio de octubre en Enramadas. Esa fue la semilla de las transformaciones que hoy se disfruta en muchos barrios de esta urbe.

Chicharrones ahora cuenta con un Mercado Integral  varios mercados (estatal agropecuario, uno ideal, una tienda de productos industriales y una carnicería especializada en carne de cerdo y de ovejo); refresquera, fonda, cremería, parque infantil y gimnasio biosaludable y Joven Club de Computación. Se colocó alumbrado público LED y se han rehabilitado varias viviendas con el mejoramiento de fachadas, pintura y sustitución de puertas y ventanas derruidas por otras de metal.

Además se recuperó la cafetería y se abrió una hamburguesera en las inmediaciones del también reparado parque de Chicharrones. Asimismo, se renovaron otras edificaciones: las panaderías la Taína y El Polvorín, las bodegas, los consultorios, el Parque Central, las carnicerías y las escuelas de la comunidad.

Pero Chicharrones no ha sido el único asentamiento beneficiado: Van Van, Los Cangrejitos y el centro urbano Abel Santamaría son otras comunidades favorecidas por la recuperación de sus inmuebles y la creación de nuevos servicios gastronómicos y comerciales y la puesta en práctica de iniciativas para la recreación sana.

Solo quienes habitan estos barrios tienen una idea de cuánta alegría y esperanza de vivir  mejor generan las transformaciones. Ahora se puede acceder a productos de buena calidad y precio asequible; llevar a los niños al parque por las tardes; ir en familia a tomar helado o asistir a las sesiones de ejercicios en el gimnasio biosaludable. Tales novedades -que pueden parecer algo común en otros sitios- ahora son la prueba más elocuente de tanto amor por Santiago.

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