Madurando

Categoría: Opinión
Escrito por Roke Vila
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madurando

No me preocupa cómo será mi vida cuando tenga 30 años, me preocupa cómo estará mi espíritu. Los primeros signos han comenzado a aparecer; poco a poco, y sin darme cuenta, he comenzado a despojarme de cosas que consideraba tan mías, que añoro al pensar que olvidé cuando se fueron, es que a veces nos cuesta trabajo comprender que vamos creciendo y que crecer implica una responsabilidad mayor.


Ahora miro detenidamente las fotos y no me encuentro en ninguna de aquellas poses al lado de mis compañeros de estudios, que ahora son el papá de alguien o el jefe de algo, asumiendo sus responsabilidades ante la vida y a lo mejor experimentando algo parecido a lo que siente mi persona.
Creo que comencé a sentirme cambiado cuando mi esposa me dijo hace algunos días: “Me gustaría haberte conocido cuando tuvieras 30 años”, como si rebasar el umbral de los números que terminan en TA (dígase TREINTA, CUARENTA, CINCUENTA, etc...) infiriera una obligatoria transformación en el carácter del individuo.
A esa hermosa compañera que comparte mi espera, le respondí que madurar no implica que deje de gustarme discutir de futbol, bañarme en los aguaceros, jugar a la pelota en la calle, seguir el ritmo de la moda o andar descalzo a veces con los muchachos del barrio. Seré consecuente con mi edad, pero me resigno a dejar marchar a mi niño interior, ese que me protegerá cuando el cansancio y las responsabilidades me agobien.
Cuando vamos entrando a la ciudad de Santiago de Cuba, hay una valla que nos queda a mano derecha con una frase de Albert Einstein que reza: “Comienza a manifestarse la madurez cuando sentimos que nuestra preocupación por los demás es mayor que por nosotros mismos”. Pienso que el genial científico tiene toda la razón, pero añado que se puede madurar pero sin perder los sueños, solo aportándoles objetividad.
No tengo miedo a la madurez, a algunos les llega temprano y a otros en cambio parece no llegarles, lo que no voy a permitirle a mi espíritu, es que pierda la esencia de tantas cosas infantiles que lo hacían feliz.
Espero pacientemente a ser bendecido por los 30 años y todos los que vengan después, cada uno con la emotividad especial de su momento, mientras expreso mi admiración por los muchos “niños grandes” que conozco, que a cada cana le responden con un nuevo sueño.
No me preocupa cómo será mi vida cuando tenga 30 años, a las dificultades que me vaya imponiendo el físico, le responderé con el enriquecimiento del mi alma y lucharé por ser lo más feliz posible con la edad que tenga, tratando de acercarme a lo que soñé de mí mismo, porque lo más importante es saber disfrutar de nuestro momentico en la tierra... con responsabilidad, claro está.

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