
El joven Raúl Castro Ruz fue el último de los moncadistas llamados a declarar durante el juicio seguido a los protagonistas de los hechos del 26 de julio de 1953 –ataque a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo-.
Mi abuela me enseñó cuando niña la canción favorita de Vilma Espín. Desde mi casa, a cuadra y media de su Memorial, pueden olerse en las noches las piscualas que sembraron allí, cuyo olor amaba. Una mujer santiaguera que nunca quiso quedarse en casa, haciendo las cosas que por tradición le tocaban. Una mujer cubana que entregó su sudor y puso en peligro su vida por un país entero. Una mujer con la fuerza suficiente para ayudar a otras a romper patrones centenarios, y lograr sus metas.

Si todos los días del año recordamos a esta gran figura, el 18 de junio rememoramos más su nombre con nostalgia, con lágrimas en los ojos porque hace 12 años ya no está físicamente entre nosotros; partió hacia la eternidad pero antes de esto dejó su impronta, se trata de nuestra eterna presidenta, aquella que enseñó a las mujeres a luchar por sus derechos; sí, se trata de Vilma Espín Guillois.

