Hablar del Virginius, vapor perteneciente a la Junta Revolucionaria de Nueva York, bajo un nombre prestado y con bandera estadounidense, es recordar uno de los hechos más sangrientos ocurridos durante la Guerra de los Diez Anos en la antigua ciudad de Cuba, hoy Santiago de Cuba.
Esa embarcación, vapor de rueda y vela, fue adquirida por nueve mil dólares con fin de ayudar a la causa independentista cubana. Preparadas las condiciones realizó dos desembarcos por el sur de Oriente con armas, pertrechos y hombres con relativo éxito.
“Yo soy hijo de Santiago”. Cuentan que así expresó el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque cuando, en una ocasión, le propusieron hacerlo “Hijo Ilustre de Santiago de Cuba”.
Como cada septiembre las flores no le faltaron a Frank País, en el panteón donde se guardan sus restos mortales –en el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia–, por ser el inspirador, desde la clandestinidad, del Periódico Sierra Maestra.

