Soy guardián de la historia de Cuba, confiesa héroe de Girón
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El general de brigada (r) Enrique Álvarez Valdés valora el haber combatido en Playa Girón, en abril de 1961, como lo más significativo de su vida, y se confiesa guardián de la historia y soberanía conquistada con tanta sangre.
Después de Girón cumplió gustosamente tareas en Santiago de Cuba, donde lleva 55 años, aunque nació en La Habana, expresa quien pertenecía en esa época a la Policía Nacional Revolucionaria y había participado en la lucha clandestina.
La victoria de esa epopeya comenzó a gestarse desde 1960, al entrar al país armamento soviético que se concentró en San Antonio de los Baños y Ciudad Libertad, en La Habana, considera Álvarez Valdés involucrado desde entonces en los hechos.
Fue clave, destaca, el adiestramiento para dominar el arsenal defensivo de la artillería, los tanques y cañones para rechazar la invasión, y la clara visión del Comandante en Jefe Fidel Castro, teniendo en cuenta que Estados Unidos también preparó las fuerzas mercenarias.
Rememora que en diciembre de 1960 fue a prácticas de tiros a la Sierra de los Órganos, en Pinar del Río, integrando la primera fuerza movilizada por el cambio de presidente en los EE.UU., de Eisenhower a Kennedy, cuando ellos daban como hecho la derrota de Cuba, dice.
Retiene en la memoria el sabotaje a la tienda El Encanto, el 13 de abril de 1961, preludio del bombardeo el día 15 a los aeropuertos de Santiago de Cuba, San Antonio de los Baños, Ciudad Libertad, donde se acuerda del avión que comenzó a tirar luces, era el ataque contra la instalación.
Después de esos acontecimientos y de la declaración del carácter socialista de la Revolución, el día 16, Fidel ordena la desconcentración de las fuerzas y la tropa de Enrique marcha hacia Matanzas, entra en la zona de Girón el 18 y al amanecer del 19 fue su bautismo de fuego.
Le correspondió la triste misión de recoger el cadáver de Eduardo García, quien escribió con su sangre, antes de morir, el nombre de Fidel, y otro instante conmovedor fue el de un joven de Camagüey al cual lo atravesó una metralla, “cuando lo vi sin brazos me eché a llorar como un niño”, confiesa.
Costó mucho la victoria, tuvimos que llorar la pérdida de valiosos compañeros, pero el sacrificio no fue en vano, infligimos la primera gran derrota del imperialismo yanqui en América, que desde entonces fue un poco más libre, subraya.
El papel del Comandante en Jefe Fidel Castro fue decisivo en la épica batalla, él puso a prueba su genio y estrategia militar que permitió el triunfo en menos de 72 horas, fue imponente verlo desde su tanque dirigiendo el combate, recuerda Enrique.
Amante de la artillería que estudió en la Unión Soviética, después se dedicó a enseñar a la tropa que participó en la Crisis de Octubre, y también estuvo al frente de la misión militar en Etiopía en plena guerra, de 1977 a 1978.
Hoy, en la paz del hogar, con el cariño de la familia y de sus tres hijos, siente orgullo de haber sido de los cubanos que se enfrentaron a armamentos muy modernos, “pero el enemigo no pudo ni con ese arsenal ante la moral de nuestras tropas”, dice.
Esta es parte de la historia de Cuba que Álvarez Valdés convoca a no olvidar, más bien solicita cuidarla como la niña de los ojos, porque la vida enseña que quienes no la preservan fracasan, recalca.
Es la lección, nacida de la experiencia y protagonismo en hechos cruciales de la Patria y fuera de la Isla, que este héroe de Girón ofrenda hoy a las nuevas generaciones.

