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Remembranza de aquel Girón

Categoría: Historia
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recuerdan giron santiagoLa breve sucesión de imágenes salidas de un proyector, avivaron sentimientos e incentivaron la remembranza. En la pantalla, los tristes pero gloriosos días de Girón: otra vez la aviación y los buques mercenarios atacando, los milicianos cubanos resistiendo el fuego enemigo y defendiendo la libertad conseguida, Fidel en la primera línea de combate dirigiendo las tropas cubanas, los invasores en fila con las manos en la nuca en señal de rendición, de derrota, la primera del imperialismo en América.

Un puñado de imágenes y enseguida afloraron las vivencias de 30 combatientes de la gesta, reunidos en una de las salas del Gobierno Provincial.de Santiago de Cuba. Instantes después, las anécdotas, los testimonios, las historias personales…

Chéster Osmany Rodríguez rompió el hielo remontando a los presentes al pasado. Al suyo, de sus compañeros de lucha, al de todo un pueblo:

“Yo formaba parte de una compañía que garantizaba la seguridad del aeropuerto de Santiago de Cuba. Sobre las cuatro de la madrugada se recibió una llamada por la microonda informando de un posible desembarco oscuro por la zona de Baracoa. Acto seguido se nos dio la alarma de combate.

“Recuerdo que el mecánico de vuelo salió para el avión 707 que piloteaba el Capitán Orestes Acosta -me tocó encender el faro para que llegara hasta él-, lo abordó y luego de unos minutos bajó. Acto seguido el piloto subió a la aeronave y despegó rumbo a Baracoa.

“Tras explorar la zona, informó a la torre que debido a la oscuridad no se veía el supuesto barco, por lo cual regresaba a la base. Al mismo tiempo, ordenó desde el aire que volara hacia allá, cargado de bombas, un C-46 y que a las seis de la mañana lo hiciera el ‘catalina’.

“No olvido que Acosta voló por encima de la ciudad encendiéndosele la pista para que se tirara. En ese instante se recibió otra llamada por la microonda –pienso que era del enemigo- avisando que dos aviones de combate llegaban a Santiago de Cuba. Orestes giró en la zona de Mar Verde para efectuar el aterrizaje, pero allí fue derribado.

combatientes

“En medio de la compleja situación, los aviones se acercan por la vía de Aguadores con el tren afuera como para aterrizar, pero se desvían de la pista y lo cierran. Como yo tenía la experiencia del bombardeo en Segundo Frente, enseguida dije: preparen la cinta (de la ametralladora) que nos van a disparar. Y así mismo fue.

“En el primer pase no pudimos tirarles pues todo fue muy rápido. Bombardearon el Polvorín, el local donde dormíamos los del Ejército Rebelde, al ‘catalina’ y dieron la vuelta. En el segundo, logramos darle por la panza al primero, pero el guarda avión que venía detrás, al darse cuenta nos lanzó un roquette y nos tumbó.

“Aquel fue un día triste. Recuerdo que un compañero salió con un avión encendido hasta la punta de la pista y lo apagó él mismo, y ocurrieron, a mi modo de ver, dos hechos extraños: En un aeropuerto es importante destruir la torre de control y no lo hicieron, y como a las 8:30 de la mañana apareció un piloto que se estuvo llamando por la microondas y no respondió. Éste a su llegada dijo que había volado hasta cerca de Cayo Hueso, pero me dio la impresión que estaba implicado en algo”, concluyó su relato.

Dioscórides Cervantes Aragón, contagiado por el ambiente, también se animó a narrar sus convulsos días de abril de 1961:

“Los días previos a los acontecimientos, a toda velocidad desgrasábamos y preparábamos los tanques de 122 milímetros que teníamos. El 16 nos dieron el estado de alarma y salimos hacia Girón, bajo el mando del entonces teniente Néstor López Cuba, ya fallecido.

“Fidel nos recibió en el central Australia y planteó la necesidad de combatir de inmediato a la retaguardia de los mercenarios situada en Playa Larga. En ese momento se hablaba de la urgencia de acabar con el enemigo en 72 horas porque éste estaba preparado para, una vez transcurrido ese tiempo, pedir ayuda. La cual se encontraba ya en las aguas de Girón en los destroyers norteamericanos que desde la costa lucían como edificios, pero estaban distantes.

“En Playa Larga combatimos al enemigo y lo hicimos retirarse con nuestro avance nocturno. Néstor López Cuba, uno de nuestros compañeros perdió el tanque y fue herido. Asimismo, el de Garguera fue quemado y tuvimos algunos heridos.

“Al otro día se bombardeó el buque Houston, porque Fidel determinó que había que neutralizarlo o acabarlo de hundir pues allí se encontraba la retaguardia enemiga y todavía tenía armas y hombres.

“Consumado el hecho, José Ramón Fernández habló con nosotros en Playa Larga, para que partiéramos de inmediato rumbo a Girón, pues el enemigo podía reorganizarse. Y así lo hicimos. Lorenzo García, el hermano de Guillermo, era el jefe de la infantería, y con nosotros iba otro compañero sustituyendo a Néstor López.

“Alrededor de las cuatro de la tarde la aviación enemiga nos sorprendió, afectándonos dos tanques y dejándonos dos heridos. Pagamos el error de no llevar artillería antiaérea. No obstante, se recuperó uno y por la noche con la ayuda del fallecido Víctor Carrera, el otro.

“El 19 en la mañana, ya estábamos sobre Girón. En el orden de combate me tocó ir en la vanguardia a la izquierda, en tanto el holguinero Oscar Ledea, iba a la derecha. Avanzábamos lentamente porque el barraje de fuego que nos ponían los obuses del enemigo era tremendo. Cerca de las nueve de la mañana chocamos con el grueso de la infantería.

“Hicimos resistencia, pero ellos tenían cazatanquesmuy modernos que nos afectaron bastante. Recuerdo que miré a la derecha por el periscopio y vi que Ledea se tiró del tanque porque estaba ardiendo. Poco después el nuestro recibió tres impactos. Uno de ellos lo perforó por la ‘costilla’ e hirió al conductor, mientras que otro impactó a la altura del cañón, hiriéndome con las esquirlas. Nos evacuamos de las llamas y los otros tanques nos rebasaron, comenzando nuestra extraordinaria ofensiva.”

La remembranza continuó, pues quienes no se veían en años tuvieron todo un día para compartir y visitar varios sitios que hoy constituyen la huella inequívoca de la obra de esa Revolución defendida en Girón.

El entorno de la Plaza de Marte, el Ocio Club, el Ranchón del Músico, el parque de los sueños, las avenidas Patria y Manduley, así como el paseo marítimo de La Alameda, sintieron el paso firme de una generación gloriosa de combatientes revolucionarios, que Lázaro Expósito Canto, primer secretario del Partido en la provincia, no vaciló en reverenciar:

“Uno siente un poquito de envidia sana de esa gloria que ustedes han vivido, de esas páginas imborrables que han escrito. Compartir con hombres de su talla nos inspira a seguir trabajando y a ser fieles a la dirección histórica y al Partido.”

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